| VIAJES
La división del
mundo
- I -
Aquí empieza la rúbrica
de este libro denominado: la división del mundo
Señores emperadores, reyes, duques y marqueses, condes, hijosdalgos
y burgueses y gentes que deseáis saber las diferentes generaciones
humanas y las diversidades de las regiones del mundo, tomad este
libro y mandad que os lo lean, y encontraréis en él
todas las grandes maravillas y curiosidades de la gran Armenia y
de la Persia, de los tártaros y de la India y varias otras
provincias; así os lo expondrá nuestro libro y os
lo explicará clara y ordenadamente como lo cuenta Marco Polo,
sabio y noble ciudadano de Venecia, tal como lo vieron sus mortales
ojos.
Hay
cosas, sin embargo, que no vio, mas las escuchó de otros
hombres sinceros y veraces. Por lo cual referimos las cosas vistas
por vistas y las oídas por oídas para que nuestro
libro resulte verídico, sin tretas ni engaños.
Y todo hombre
que leyere y entendiere este libro debe creer en él, pues
todas estas cosas son verdad, y os certifico que desde que Dios
nuestro Señor plasmó con sus manos a Adán y
Eva, nuestros primeros padres, hasta hoy día, no hubo cristiano
ni pagano ni tártaro ni indio ni hombre alguno de ninguna
generación que tanto supiere ni buscare como el dicho mi
señor Marcos averiguó y supo; por eso os digo que
sería gran desventura no quedaran escritas todas las grandes
maravillas que vio y oyó para quelas gentes que no las vieron
ni conocieron tengan de ellas razón en este libro. Y os repito
que para enterarse de ello vivió en estas diferentes regiones
y provincias más de veintiséis años.
Y ello fue
que, estando encarcelado en Génova, hizo exponer todas estas
cosas a maese Rustichello de Pisa, que se hallaba también
en la misma prisión en el año 1298 del nacimiento
de nuestro Señor Jesucristo.
- II -
De cómo micer Nicolás
y micer Mafeo fueron de Constantinopla en busca del mundo
Fue en tiempo de Baduino, emperador de Constantinopla en el año
1250 de la Encarnación de nuestroSeñor Jesucristo:
Hallándose con sus mercancías en Constantinopla, procedentes
de la ciudad de Venecia, micer Nicolás Pol (padre de Marco
Polo) y su hermano micer Mafeo Pol, prudentes, nobles y avisados
comerciantes, reuniéronse en consejo y decidieron embarcar
en la mar grande para hacer prosperar sus asuntos. Después
que hubieron comprado joyas de gran valor, partieron de Constantinopla
en un barco hacia la tierra de Soldadía.
- III -
De cómo se fueron micer Nicolás
y micer Mafeo de la Soldadía
Cuando hubieron residido un tiempo en Soldadía decidieron
irse aún más lejos. Pusiéronse en camino, y
tanto cabalgaron que no hubo aventura que les detuviese hasta que
llegaron al reino de Barca Caan, que era dueño de una parte
de Tartaria, situada entre Bolgara y Sara. Barca Caan recibió
con grandes honores a micer Nicolás y micer Mafeo y celebró
con regocijo su llegada. Los dos hermanos diéronle las joyas
que habían traído. Aceptolas Barca con gran complacencia
y le plugieron muchísimo. Hízoles entonces entregar
dos veces tanto cuanto valían las joyas y les invitó
a pasar una temporada en varias partes del reino, en donde halláronse
con gran contentamiento.
Al año
de residir en tierras de Barca encendiose una guerra entre Barca
y Alan, señor de los tártaros de Levante. Fuéronse
el uno contra el otro con gran violencia, combatiéronse ferozmente
y hubo gran pérdida de gentes de una parte y otra, y Alan
fue vencedor. Y en estas circunstancias no hubo hombre que pudiera
pasar por esos caminos sin caer prisionero, y como ésa era
la dirección por donde habían venido y sólo
podían seguir en dirección contraria, los dos hermanos
se dijeron: «Ya que no podemos volver a Constantinopla con
nuestras mercancías, sigamos hacia Levante; así podremos
volver quizá a tierras del soldán». Se equiparon
convenientemente y se separaron de Barca, yéndose a una ciudad
denominada Uchacca, que era al confín sur del reino de este
señor. Y partiéronse de Uchacca pasando el Tigre,
atravesando un desierto que era largo diecisiete jornadas, no encontrando
a su paso ni ciudades ni castillos, sino tribus tártaras
que vivían del pastoreo en sus tiendas de campaña.
- IV -
De cómo los dos hermanos pasaron
el desierto y llegaron a la ciudad de Bojaria
Y cuando hubieron pasado el desierto llegaron a una ciudad que se
llamaba Bojaria, noble y hermosa ciudad. También la provincia
denominábase Bojaria y el rey se llamaba Barac. Era ésta
la más bella ciudad de Persia. Una vez llegados a ella no
podían ya ni adelantar ni retroceder, y en vista de esto
permanecieron en ella tres años. Mientras esto sucedía
vino un emisario de Alan, el señor de Levante, que era enviado
por el gran señor de todos los tártaros, llamado Cublai.
Y fue gran asombro el de este emisario cuando vio a micer Nicolás
y a Micer Mafeo, pues jamás habíase visto un latino
en esos parajes. Dijo a los dos hermanos: «Señores,
os advierto que el gran señor de los tártaros jamás
vio un latino y tiene gran deseo de trabar conocimiento con ellos;
así que si queréis venir conmigo, os aseguro que os
verá muy de su agrado y os llenará de honores y bienes».
Los dos hermanos
contestáronle que lo harían gustosos si era cosa factible,
y él replicó que llegarían sanos y salvos y
sin ninguna impedimenta si se iban en su compañía.
- V -
De cómo los dos hermanos prestaron
fe al emisario del Gran Khan
Cuando oyeron las razones del mensajero enviado, aparejaron sus
caballerías y decidieron seguirle. Pusiéronse en camino
y viajaron durante un año a través de las montañas,
y tomando por atajos y vericuetos llegaron al cabo de él.
Y encontraron grandes maravillas y cosas extraordinarias, que no
os referimos porque micer Marcos, hijo de micer Nicolás,
que ha visto también todas estas cosas, os las contará
más adelante en este mismo libro.
- VI -
De cómo los dos hermanos llegaron
en territorio del Gran Khan
Y cuando llegaron en presencia del Gran Khan, éste les hizo
muchas fiestas y les recibió con grandes honores y cortesía,
y fue grande su alegría al verles. Les hizo varias preguntas
sobre muchas cosas. Ante todo sobre los emperadores, de cómo
mantienen el poder y administran justicia, cómo combaten
y, en fin, cómo viven y lo que hacen, y los interrogó
luego respecto a los reyes, a los príncipes y barones.
- VII -
De cómo se informa el Gran
Khan de los asuntos de los cristianos
Y se informó luego del Papa y de todos los hechos de la cristiandad
y de la Iglesia romana y de las costumbres de los latinos. Micer
Nicolás y Mafeo le dijeron toda la verdad y cada uno a su
vez, como conviene a hombres prudentes y cultos conocedores de la
lengua de los tártaros: el tártaro.
- VIII -
De cómo el Gran Khan envió
a los dos hermanos como embajadores al Papa de Roma
Cuando el gran
señor que tenía por nombre Cublai Khan, señor
de todos los tártaros del mundo y de todas las provincias,
reinos y regiones de esta gran parte del mundo, hubo escuchado las
gestas de los latinos contadas por los dos hermanos tan llanamente,
quedó muy complacido y prometiose a sí mismo enviarles
como embajadores al Papa. Y pidioles a los hermanos encargarse de
esta misión con uno de sus barones. Contestáronle
que lo harían como les mandase, como si fuera su propio señor,
el Dux. Entonces el Gran Khan hizo llamar a uno de sus barones,
llamado Cogatai, y le dijo quería fuera acompañando
a los hermanos a ver al Papa. Éste le contestó: «Vuestro
siervo soy y pronto a vuestro mandato». Hizo luego el gran
señor preparar sus credenciales en turco y las dio a los
dos hermanos y a su barón, y les encargó lo que debían
decir de su parte al Pontífice. Es menester que os diga lo
que contenía el documento y la embajada que enviaba: Pedía
que le enviara hasta cien sabios de la cristiandad que supieran
las siete artes, que supieran discutir a los idólatras y
a los gentiles que todos los ídolos que tenían en
sus casas eran obras del diablo y que supieran probar por razonamientos
que la ley cristiana es mejor que la de ellos. Además, encargó
a los hermanos que trajeran aceite de la lámpara que alumbra
el sepulcro de Dios nuestro Señor en Jerusalén. Ya
estáis enterados de lo que decía el mensaje que el
gran señor enviaba al Papa por medio de los dos hermanos.
- IX -
De cómo el Gran Khan da a los
dos hermanos las tabletas de oro de su mensaje
Cuando les hubo entregado el mensaje que enviaba al Papa les hizo
dar unas tabletas de oro en las cuales decía que los tres
embajadores deberían recibir allí donde fueran y donde
pasaran: caballos, arreos y escolta de un país a otro. Y
cuando micer Nicolás y Mafeo estuvieron listos y bien guarnecidos
de cuanto necesitaron, se despidieron del gran señor, montaron
a caballo y emprendieron el camino. Al poco tiempo el barón
tártaro cayó enfermo y no pudo continuar. Quedose
atrás en una ciudad, y cuando los hermanos vieron que no
se reponía, le dejaron y continuaron su viaje, y os diré
que por doquier se velan honrados y bien servidos en cuanto se les
antojaba. Cabalgaron tanto, que llegaron a Laias, para lo cual emplearon
tres años, y esto sucedió porque no siempre podían
proseguir su ruta, por el mal tiempo y la nieve y porque los ríos
que tenían que vadear eran considerables.
- X -
De cómo los dos hermanos llegaron
a la ciudad de Acre
Y dejaron Laias
para llegar a la ciudad de Acre, y esto sucedió en el mes
de agosto del año 1200 de la Encarnación. Allí
se enteraron que el Papa había fallecido, y cuando supieron
que el Papa, que tenía por nombre Clemente, había
muerto, se encaminaron en busca del Legado de la Iglesia romana
en el reino de Egipto. Este varón ilustre, de mucha autoridad,
se llamaba Tealdo de Plasencia. Le expusieron de qué importante
misión eran mandatarios de parte del Gran Khan al Papa, y
cuando el Legado les hubo oído, le pareció gran maravilla
y que lo que los hermanos decían era de gran honra y provecho
para la cristiandad. «Señores -les dijo-, ya que veis
que el Papa ha muerto, os aconsejo esperar que haya otro Papa, y
entonces le lleváis vuestra embajada». Viendo que el
Legado les decía cosa razonable, pensaron que en ese intervalo
irían a Venecia a ver a sus familias. Y fueron de Acre a
Negroponte. Y en Negroponte se embarcaron en una galera, que les
llevó a Venecia. Micer Nicolás encontró que
en este interregno su mujer había muerto y le quedaba un
hijo de edad de quince años, que se llamaba Marcos, y éste
es el que habla en este libro. Micer Nicolás y micer Mafeo
quedaron cerca de dos años en Venecia, en espera de la elección
de un nuevo Pontífice.
- XI -
De cómo los dos hermanos partieron
de Venecia para regresar al país del Gran Khan y se llevaron
a Marcos, el hijo de micer Nicolás
Después de esperar el tiempo que habéis oído,
y viendo que no elegían nuevo Papa, pensaron que habían
demorado bastante para regresar cerca del Gran Khan, y decidieron
volver. Entonces se fueron de Venecia, llevándose a su hijo
Marcos, directamente a San Juan de Acre, en busca del Legado antedicho.
Con él platicaron sobre estos asuntos y le pidieron venia
de ir a Jerusalén a recoger el aceite de la lámpara
del sepulcro de Jesucristo, ya que el Gran Khan había expresado
el deseo de poseerlo. El Legado les dio permiso. Fueron luego al
Santo Sepulcro, a Jerusalén, y habiendo cogido el aceite
volvieron a Acre a decirle al Legado: «Señor, mucho
hemos tardado en volver a ver al Gran Khan, y como aún no
hay Papa, creemos es nuestro deber el írselo a decir».
Y el Legado (que es el más importante personaje de la Iglesia
de Roma) les dijo: «Puesto que queréis volver hacia
la tierra del Gran Khan, os doy mi pláceme». Escribió
entonces su misiva al Gran Khan, explicándole de cómo
micer Nicolás y micer Mafeo le habían. traído
su embajada; pero no pudieron cumplirla por entero por no haber
aún un nuevo Papa.
-
XII -
De cómo los dos hermanos y
Marcos partieron de Acre
En cuanto los dos hermanos estuvieron en posesión de las
credenciales, pusiéronse en camino para volver a la tierra
del Gran Khan. Y tanto anduvieron, que llegaron a Laias. Mas no
bien hubieron llegado, fue elegido Papa el Legado que tenía
por nombre Gregorio de Plasencia. Grande fue la alegría que
experimentaron al oír esta nueva, y no tardó en llegar
a Laias un emisario del Papa diciendo a micer Nicolás y Mafeo
que retrocedieran a ver al Pontífice. No quiero deciros la
alegría que esto les causó, y le contestaron que allá
iban de buen grado. Entonces el rey de Armenia hizo armar una galera
para que en ella embarcaran y los envió así, con grandes
honores, al Legado.
- XIII -
De cómo los dos hermanos fueron
a Roma a ver al Papa
Y cuando llegaron a Acre fueron a Su Santidad el Papa y se prosternaron
humildemente ante él. Les recibió con gran deferencia,
dándoles su bendición y haciéndoles gran fiesta.
Y el Papa acordó darles para que les acompañaran a
dos de los predicadores, los más sabios de toda la provincia,
y éstos se llamaban Nicolás de Vicenza y Guillermo
de Trípoli. El Papa expidió sus breves y cédulas
que contenían el mensaje que enviaba al Gran Khan, y dando
a todos su santa bendición, se fueron los cuatro con Marcos,
hijo de micer Nicolás. Encamináronse seguidamente
a Laias; mas no bien hubieron llegado, cuando Bondocdero, sultán
de Babilonia, vino a Armenia con un numeroso ejército, que
causó estragos en toda la comarca, y nuestros embajadores
viéronse en peligro de muerte. Considerando esto, los dos
hermanos predicadores dudaron si debían proseguir. Entregaron
por fin a micer Nicolás y Mafeo sus breves y cartas y se
separaron de ellos, regresando con el maestre de campo.
- XIV -
De cómo los dos hermanos y
Marcos llegaron a la ciudad de Clemeinfú, en donde se hallaba
a la sazón el Gran Khan
Y micer Nicolás, Mafeo y Marcos, hijo de Nicolás,
se pusieron en camino y cabalgaron tanto toda la primavera y el
estío hasta llegar a la ciudad de Clemeinfú, en donde
se encontraba el Gran Khan. No haré mención, sino
más adelante, de lo que encontraron en el camino, pues deseo
contároslo a su tiempo en mi libro. Sabed sólo que
emplearon tres años y medio en este viaje, pues las grandes
nevadas y las lluvias y los ríos desbordados les impedían
cabalgar en invierno. Y, en verdad, cuando supo el Gran Khan que
llegaban les envió al encuentro un mensajero con cuarenta
días de anticipación, y fueron bien atendidos y servidos
por todos.
- XV -
De cómo los dos hermanos y
Marcos fueron al palacio del Gran Khan
Cuando Nicolás, Mafeo y Marcos llegaron a esa gran ciudad
se fueron al Palacio Principal, en donde se hallaba el Gran Khan
rodeado de muchos barones. Se arrodillaron y humillaron ante él;
pero el Gran Khan les hizo levantar, les colmó de honores
y les recibió con grandísimo júbilo, interrogándoles
de cuanto habían hecho desde que se separaron. Los hermanos
le aseguraron de que todo había ido a pedir de boca, puesto
que volvían sanos y salvos. Entonces presentaron sus breves
y cartas que el Papa le enviaba, que le causaron gran alegría.
Cuando el Gran Khan vio a Marcos, que era el joven bachiller, les
preguntó quién era. «Señor -dijo micer
Nicolás-, es mi hijo y esclavo vuestro». «Sea
bienvenido», dijo el Gran Khan. Mas ¿por qué
extenderme en referiros más tiempo las grandes manifestaciones
de cariño y los honores con que fueron recibidos por el Gran
Khan?
- XVI -
De cómo el Gran Khan envía
a Marcos como embajador
Y Marcos, el hijo de micer Nicolás, aprendió tan a
la perfección la lengua y costumbres de los tártaros
y su literatura, que a todos causaba maravilla. Pues desde su llegada
a la corte aprendió a escribir y a hablar cuatro lenguas.
Y como era sabio y prudente, el Gran Khan le cobró gran cariño,
estimando su valor. Y cuando vio el buen entendimiento de Marcos
le envió como embajador a una región donde era menester
seis meses para llegar. El joven bachiller cumplió su misión
sabia y prudentemente. Había oído decir repetidas
veces que cuando el Gran Khan enviaba mensajeros por las varias
partes del niundo y éstos no sabían referirle más
que el objeto de la misión por la cual habían sido
enviados, los trataba de necios e ignorantes, pues más le
placía oír las costumbres y curiosidades de las cortes
extranjeras que lo que se refiriera al pretexto que tomaba para
enviarles. Y Marcos, que sabía esto, se esmeró en
contarle al Gran Khan cuantas novedades y cosas extrañas
y curiosidades había visto en su embajada.
- XVII -
De cómo volvió Marcos
de su misión y lo que refirió al Gran Khan
Cuando Marcos volvió de su misión y se halló
en presencia del Gran Khan, después de referirle la manera
en que había negociado y conducido su embajada, contó
cuantas novedades había visto, tanto en el camino como en
las ciudades, tan sabia y elocuentemente que el Gran Khan quedó
encantado, y cuantos le oyeron decían entre ellos que este
joven, si llegaba a tener larga vida, no podía por menos
de alcanzar fama de varón de provecho y de gran sabiduría.
¿Y qué más os diré? Desde entonces el
joven fue llamado micer Marco Polo, y así le llamaremos más
adelante en nuestro libro. Sabed, en verdad, que don Marcos vivió
con el Gran Khan diecisiete años, y no cesó de ir
y venir en misión, enviado por el Gran Khan, que viendo que
le traía continuamente noticias de doquier y cumplía
tan cabalmente sus negociaciones, le tuvo en gran estimación,
le colmó de honores, no queriendo separarse de él,
por cuya razón los varones empezaron a envidiarle. He aquí
por qué causa don Marcos sabe más de esta región
que ningún otro hombre, y que quizá entienda más
él que los mismos naturales, pues se aplicaba en ello con
todo entendimiento.
- XVIII -
De cómo micer Nicolás
y micer Mafeo piden permiso al Gran Khan para volver a su tierra
Y cuando micer
Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos demoraron el tiempo que
sabéis con el Gran Khan, se dijeron que era hora de volver
a su tierra natal. Pidieron autorización repetidas veces
y con gran cautela; pero el Gran Khan los quería tanto y
los veía con tanta complacencia en su corte, que no quería
por nada del mundo consentir en ello.
Empero la reina
Bolgana, mujer de Argón, rey de Levante, murió y la
dicha reina puso en su testamento que ninguna dama pudiera ser de
Argón ni sentarse en el trono, que no fuera de su linaje.
Argón
reunió a tres de sus barones: el primero llamábase
Culatai; el segundo, Apusca; el tercero, Coia, y les envió
al Gran Khan, acompañados de brillante escolta, para que
le buscaran una dama que fuera del linaje de la reina Bolgana, su
difunta esposa.
Cuando
los tres barones llegaron al Gran Khan y le explicaron el objeto
de su viaje, el Gran Khan les recibió admirablemente. Hizo
venir a su presencia a una dama que se llamaba Cogacin, y que era
del linaje de la reina Bolgana. Era joven y agraciada y no tenía
más que diecisiete años. Y dijo a los barones que
era esta señora la que les convenía, y ellos la encontraron
muy de su agrado.
En ese entonces
volvía micer Marcos de las Indias y de diferentes mares y
entretenía la corte con sus relatos sobre estas regiones,
y los tres barones, que habían trabado conocimiento con los
sabios latinos micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos,
se dijeron entre ellos que desearían navegar en su compañía
y fueron al Gran Khan a pedirle en gracia que los enviara por mar
y que con ellos marcharan los tres latinos. El Gran Khan, que ya
sabéis cuánto los quería, accedió a
esa gracia y permitió a los latinos que se fueran con los
barones y la gentil dama.
- XIX -
Donde trata de la despedida, de los
hermanos y Marco Polo del Gran Khan
Cuando el Gran
Khan se decidió a verles partir, les hizo venir a su presencia
y les entregó dos tabletas como salvoconducto para que circularan
libremente por sus dominios y para que en donde fueren hallaren
escolta, y tanto ésta como ellos, que todo fuera de libre
de gastos. Y les encomendó un embajada al rey de Francia,
al rey de España y a otros reyes cristianos, y luego hizo
aparejar 14 veleros, de cuatro mástiles cada uno y 12 velas,
y os podría referir, pero sería demasiado largo entreteneros
sobre este particular.
Cuando las
naves fueron aparejadas y los tres barones y la dama y micer Nicolás,
micer Mafeo y micer Marcos se despidieron del Gran Khan, embarcáronse
con una dotación de 500 personas, y el Gran Khan les hizo
aprovisionar por un plazo de dos años.
Se dieron a
la mar y navegaron cerca de tres meses, hasta llegar a una isla,
hacia Mediodía, que se llama Java y en esta isla vieron muchas
cosas maravillosas, que os contaré más adelante en
este libro.
Dejaron luego,
la isla y navegaron en el mar de la India dieciocho meses antes
de llegar a su destino.
Cuando llegaron
encontráronse con que Argón había muerto, y
la dama fue dada en esposa a Casan, hijo de Argón. Pues no
os miento diciéndoos que cuando entraron en las naves eran
600 personas, sin la marinería, y todos habían perecido,
salvo 18 de entre ellos. Encontraron al señorío de
Argón regentado por Chiacato. Le recomendaron a la dama,
y así cumplieron su embajada.
Cuando micer
Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos hubieron cumplido con
la misión que les confió el Gran Khan, dio a los tres
embajadores cuatro tabletas de oro, con la orden escrita en letras
de oro, que los tres mensajeros fueron honrados y servidos por doquier,
como si se tratara de su propia persona, y que los caballos y gastos
que hicieren corrieren de su cuenta.
Otro sí
os referiré para que veáis en qué gran estimación
les tenían, en razón del aprecio que de ellos hacía
el Gran Khan, que les confiaron la reina Cocacin y a la hija del
rey de Mangi para que las llevaran a Argón, señor
de Levante, y así lo cumplieron. Asegurándoos que
servían a estas señoras como si fueran sus propias
hijas, cuidando de que llegaran sanas y salvas. Y éstas,
que eran jóvenes y bellas, los consideraban como a sus propios
padres y le obedecían y acataban sus voluntades como a tales.
Escoltáronlas hasta dejarlas en manos de sus barones. La
reina Cocacin, que era mujer de Casan -reinante a la sazón-,quería
tanto a los tres latinos, que se desvivía por complacerles
y halagarles. Y cuando se despidieron de ella para volver a su tierra,
lloró amargamente.
Esto os lo
cuento en elogio a la conducta de los tres caballeros latinos, a
los que fueron confiadas las damas para escoltarlas a países
tan remotos a sus reinos y señores. Dejemos ahora esto para
proseguir nuestra relación.
Cuando los
tres mensajeros se despidieron de Ciacatu, pusiéronse en
camino y cabalgaron tanto que llegaron a Trebizonda y de Trebizonda
a Constantinopla, y de Constantinopla a Negroponte, y de Negroponte
a Venecia. Y esto fue el año de 1295 de la Encarnación
de Cristo. Y ya que os conté el prólogo, ahora comienza
la relación del libro.
- XX -
Aquí se habla de la Armenia
Menor
En verdad,
hay dos Armenias: la Mayor y la Menor. De la Menor es rey un señor,
cuya jurisdicción está bajo la dependencia del Tártaro.
La región es rica en villas y castillos y abundante por todos
conceptos. Es tierra que produce cantidad de caza, de animales y
pájaros. Pero es una provincia de condición malsana.
Antiguamente los hombres eran gallardos y valientes capitanes; ahora
son raquíticos y viles, y no tienen más condición
que la de ser grandes bebedores. Hay en la costa una ciudad llamada
Laias, que es notable por su comercio. Todas las especias y paños
de seda y brocateles pasan por esa ciudad, y otras tantas cosas
preciosas. Y todos los mercaderes de Venecia y Génova y otros
lugares vienen a adquirir aquí sus mercancías.
Y hombres y
mercaderes que quieren ir a tierra firme empiezan su ruta por esta
ciudad. Os hemos informado de la Armenia Menor, y ahora os contaremos
lo referente a la Turcomania.
- XXI -
En donde se habla de la provincia
de Turcomania
En Turcomania hay tres suertes de habitantes, que son: los turcos,
que rezan a Mahoma y observan su ley; son gentes sencillas y de
lenguaje rudo; viven en las mesetas en donde saben que hay abundantes
pastizales, porque se dedican al pastoreo. Crían especies
caballares de gran enjundia. El resto de la población se
compone de armenios y griegos, mezclados a ellos en villas y castillos.
Viven del comercio y del arte, pues sabed que fabrican los más
bellos tapices, superiores a los del resto del mundo, y también
tejen paños de seda, púrpura y otros colores, bellos
y ricos cual ninguno, y muchísimas cosas más. Las
ciudades son: Conio, Cesarea y Sebasto, y hay otras tantas villas,
ciudades y castillos, de los cuales os hago gracia, para no ser
demasiado extenso. Todos están sometidos al Tártaro
de Levante, que es su señor. Y dejemos esta provincia, para
ocuparnos de la Armenia Mayor.
- XXII -
La Armenia Mayor
La Armenia Mayor es una provincia muy extensa; empieza en una ciudad
llamada Arçinga, en la cual se fabrican los mejores bogaranes
(cuchillo ancho de dos filos a modo de rejón). También
he visto las más bellas lacas que hay en el mundo. Tiene
minas de plata riquísimas. Los habitantes son armenios y
súbditos de los tártaros. Abundan en ciudades y castillos,
y la más noble es Arçinga, que tiene un arzobispo.
Las otras son Argiron y Darçiçi. Es una provincia
muy rica. En verano la viven las huestes del Tártaro de Levante,
porque hay en ella ricos pastizales para el ganado, pero en verano
solamente, porque en invierno el frío es tan intenso y la
nieve tan abundante que no dejaría vivir a los animales.
Y por eso emigran en invierno a países cálidos, adonde
encuentran pastos en abundancia. En esta Armenia Mayor es donde
se encuentra el Arca de Noé en una alta montaña (el
monte Ararat). Confina al Mediodía y a Levante con un reino
llamado Morul, que está habitado por cristianos, jacobinos
y nestorianos, de los cuales os contaré particularidades
más adelante. En la zona limítrofe a la Georgia hay
una fuente de la cual mana aceite en abundancia [¿petróleo?],
de tal suerte que pueden cargarse cien naves a la vez, pero no es
comestible, mas combustible y sirve para ungir los camellos contra
la tiña y el forúnculo. Y los hombres vienen de muy
lejos a recoger este aceite y en toda la comarca no se quema más
que esta sustancia.
Dejemos ahora
bien a la gente de Armenia Mayor para ocuparnos de la provincia
de Georgia.
- XXIII -
Donde se habla del rey de Georgia
y de su hacienda
En Georgia
hay un rey que se llama David Melic, lo que significa, en español,
rey David. También está sometido al Tártaro.
En lo antiguo todos los reyes de esta provincia nacían con
un signo de águila en el hombro derecho. Es una raza fuerte
y valiente, diestra en las armas, buenos arqueros y excelentes en
la lid. Son cristianos de rito griego. Llevan el cabello peinado
a la usanza de los clérigos. De esta provincia fue de la
que no pudo pasar Alejandro cuando quiso dirigirse a Poniente, por
ser el camino extrecho y en extremo peligroso, pues de un lado hay
el mar y de otro una altísima montaña donde es imposible
cabalgar. El sendero es tan menguado entre el mar y la montaña
durante más de cuatro leguas, que un puñado de hombres
pueden tener en jaque a todo un ejército. Y fue la razón
que impidió pasar a Alejandro. Y éste hizo alzar una
torre para cegar el pasaje y construir una fortaleza, de modo que
la gente no pudiera atacarla, y fue llamada la Puerta de Hierro,
lo cual refiere el libro de Alejandro, de cómo encerró
a los tártaros entre dos montañas.
Y no es cierto
que fueran tártaros, sino un pueblo llamado Comain, pues
en aquella época allí no existían tártaros.
Hay muchas ciudades y plazas fuertes en donde tienen seda en abundancia
y se tejen brocados de seda y oro de los más hermosos que
darse puedan. Tienen pájaros y gavilanes y toda especie de
cosas en gran abundancia. Viven del comercio y de la industria.
En la provincia hay montañas altísimas, desfiladeros
angostos y temibles, y os digo que los tártaros jamás
pudieron apoderarse de ella.
Hay también
un monasterio llamado de San Leonardo, que contiene la especie maravillosa
que os referiré: Debajo del monasterio hay un lago, que viene
de una montaña, que no tiene en todo el año ni un
pez, ni grande ni chico. En cuanto viene la cuaresma, por el contrario,
llegan en grandes cantidades los peces hasta el sábado Santo,
o sea la víspera de Pascua de Resurrección. De modo
que en esta época hay miles de peces y en el resto del año,
como os digo, no queda ni uno solo. El mar del cual os hablo que
está al lado de la montaña se llama Glevechelan, y
es de 2.700 millas, más o menos alejado de todo otro mar
unas doce jornadas. El Eúfrates y otros ríos desembocan
en él. Últimamente la navegaron mercaderes genoveses
hasta muy lejos. De ahí viene la seda que llaman «ghelle».
Os hemos referido
los límites de la Armenia a Poniente. Ahora os hablaremos
de otros confines que están hacia Mediodía y Levante.
- XXIV
-
En donde se habla del reino de Mosul
Mosul es un
gran reino habitado por diferentes pueblos, del cual os hablaré
ahora. Hay la población árabe que reza a Mahoma. Hay
otra especie de gente que son cristianos, pero no dependen de la
Iglesia de Roma. Tienen un patriarca que hace funciones de arzobispo,
obispo y abate, que ellos llaman católico y envía
sus clérigos a la India, al Catai y a Bagdad, lo mismo que
hace el Papa de Roma. Y os digo que cuanto cristiano encontréis
en estas regiones es o bien nestoriano o bien jacobita.
Los tejidos
de seda y oro que allí se fabrican son llamados «muselinas»;
son finísimos y transparentes. Todas las especias caras son
de este reino. En las montañas viven unas gentes llamadas
kurdos: una parte sarracena, que adora a Mahoma, está compuesta
de mala gente: hombres de armas terribles, que saquean, si pueden,
a los mercaderes. Dejemos el reino de Mosul y hablemos de la gran
ciudad de Bagdad.
- XXV -
De cómo fue tomada, la gran
ciudad de Bagdad
Bagdad es una
gran ciudad, en donde se halla el califa de todos los sarracenos
del mundo, así como Roma es la cabeza de la cristiandad.
En medio de la ciudad pasa un gran río, por el cual se puede
ir al mar de las Indias, y mercaderes y mercancías van por
él sin cesar. Habéis de saber que hay, navegando por
este río, dieciocho jornadas desde Bagdad a la mar, de Indias.
Y los mercaderes que quieren ir a las Indias van por esta vía
fluvial hasta una ciudad llamada Chisi, y entre ésta y Bagdad
hay otra gran ciudad llamada Basora y alrededor de ella se crían
las mejores palmeras que hay en el mundo.
En Bagdad se
tejen los más variados brocateles y paños de oro y
seda, es decir, el nassit, nac y la púrpura, bordados de
toda suerte de animales y pájaros. Es la ciudad más
noble y grande de la región.
El califa de
Bagdad tiene un inmenso tesoro en oro, plata y piedras preciosas,
y os diré cómo y por qué. Es verdad que en
1295 de la era de Cristo, el gran señor de los tártaros,
cuyo nombre era Alan, hermano del que reina hoy día, reunió
un gran ejército y vino a Bagdad, la sitió y la tomó
por la fuerza. Y fue un hecho muy notorio, pues en Babilonia había
más de 100.000 jinetes e infantes. Y cuando hubo conquistado
la ciudad encontró en el palacio del califa una torre llena
de oro, plata y otros tesoros, tales, que jamás se vieron
mayores reunidos en un solo lugar: Cuando esto vio, hizo traer a
su presencia al califa y le dijo: «¿Señor, por
qué reuniste tantos tesoros? ¿Qué hubieras
debido hacer? ¿No sabías que yo era tu enemigo y venía
con un poderoso ejército para despojarte de todo? Cuando
esto supiste, ¿por qué no repartiste tus tesoros a
tus caballeros y soldados para defender la ciudad y tu persona?».
El califa no supo qué contestar a esto. Entonces Alan replicó:
«Puesto que veo que amas tanto a tus tesoros, voy a darte
a comer de ellos». Y al instante hizo prender al califa, lo
hizo encerrar en la torre del tesoro y mandó que nada le
dieran de comer ni de beber, y luego exclamó: «Califa,
come de ese tesoro, puesto que tanto te gustaba, ya que nunca más
comerás otra cosa en tu vida». Dicho esto, le dejó
en la torre, donde murió, después de cuatro días.
Y más hubiera valido que el califa diera los tesoros a sus
hombres para la defensa de sus tierras y sus gentes, en lugar de
perecer con todos ellos y verse así despojado. Y éste
fue el último de los califas de Bagdad.
Ahora os hablarenlos
de Tauris. Os podía haber referido anteriormente sus hechos
y gestas, mas como la materia se presta a un largo relato, abrevio
el mismo.
- XXVI -
De la gran maravilla que sucedió
en las montañas de Bagdad
Queremos relatar
una gran maravilla que sucedió entre Bagdad y Mosul. Hubo
en 1275 de la Encarnación de Cristo un califa de Bagdad que
odiaba a los cristianos, y día y noche pensaba el modo de
convertir a éstos en sarracenos o hacerlos perecer si no
lo conseguía. Todos los días reunía en Consejo
a sus ministros y a seis sabios para preparar sus planes, pues todos
ellos odiaban a los cristianos. Es verdad que todos los moros detestan
a los cristianos. El caso es que el califa y los sabios que le rodeaban
encontraron que en el Evangelio está escrito: «Si un
cristiano tiene tanta fe como un grano de anís, obtendrá
de Dios con su oración que se junten dos montañas».
Cuando hubo leído esto el califa, se alegró inmensamente,
porque vio en ello un pretexto para convertir a los cristianos a
la religión sarracena o perderlos a todos.
El califa mandó
entonces reunir a todos los cristianos de su reino, y cuando se
hallaron en su presencia les enseñó el Evangelio y
les hizo leer el texto. Enterados de ello, les preguntaron si aquello
era la verdad. Los cristianos contestaron que ésa era la
única verdad. «¿Decís, pues -replicó
el califa-, que un cristiano que tiene fe, por las oraciones hechas
a su Dios es capaz de juntar dos montañas?». «Esto
es» -respondieron los cristianos-, «Os ofrezco una alternativa
-dijo el califa-; puesto que sois cristianos, debe de haber entre
vosotros quien tenga un poco de fe; de modo que haréis mover
esa montaña que veis desde aquí, o si no,os haré
morir de mala muerte, pues si no la hacéis mover es que no
tenéis fe. De modo que os haré perecer a todos, a
menos que no os convirtáis a la ley de Mahoma y así
estaréis en la fe verdadera y os salvaréis. Os doy,
pues, diez días de tiempo para conseguir esto. Si en tal
término no lo habéis hecho, os condenaré a
todos a muerte». Dicho esto, calló el califa y despidió
a los cristianos.
- XXVII -
Del miedo que tuvieron los cristianos
de cuanto les dijo el califa
Cuando esto
oyeron los cristianos, tuvieron gran miedo de morir. Sin embargo,
confiaban en su Creador que los sacaría de tan duro trance.
Los sabios cristianos reuniéronse en consejo, pues había
arzobispos, obispos y sacerdotes entre ellos. No pudieron resolver
más que rezar a Dios nuestro Señor para que en su
gran misericordia les inspirara en esta ocasión y les hiciera
escapar de una muerte segura si no hacían lo que el califa
les había exigido. Sabed, pues, que día y noche se
hallaban en oración y rezaban devotamente al salvador Dios
del cielo y de la tierra para que les auxiliara en el duro trance
en que se veían.
Quedaron ocho
días y ocho noches orando hombres, mujeres, niños
pequeños y grandes. Y sucedió que un ángel
del Señor se apareció a un obispo, que era hombre
de vida santa e inmaculada, y le dijo: «Ve a un zapatero que
no tiene más que un ojo y le dirás que rece para que
la montaña se mueva, y la montaña cambiará
de sitio». Y os contaré cuál era la vida de
este zapatero.
En verdad os
digo que era un hombre honrado y casto. Ayunaba con frecuencia y
su alma no estaba mancillada por pecado alguno. Iba a misa diariamente
y frecuentaba a menudo la iglesia. Tenía maneras tan gentiles
y una vida tan ejemplar, que no había otro mejor a cien leguas
a la redonda. Atestigua una cosa que hizo el derecho a decir que
era hombre de gran fe. Había oído varias veces que
en el Evangelio decía: «Si el ojo os hiciere pecar,
hay que arrancarle o hacer de modo que no haga pecar». Un
día llegó a su casa una bella señora a comprarse
zapatos.
El maestro
quiso verle el pie y la pierna para saber qué zapatos pudiera
calzar. Y se hizo enseñar la pierna y el pie, que eran tan
hermosos que jamás hubo otros más bellos. Cuando el
maestro vio las piernas de esta mujer, fue tentado, porque sus ojos
se deleitaban en ellas. Entonces dejó marchar a la dama y
no quiso vender los zapatos. Y cuando se alejó, el zapatero
se dijo: «Ah, desleal y ladino, ¿en qué piensas?
Tomaré gran venganza en mis ojos, que me escandalizan».
Y cogiendo una lezna, se dio un corte en el ojo, de tal suerte que
se le reventó y no vio más con él. Así,
este buen zapatero se vació el ojo, y ciertamente era un
santo varón. Mas volvamos al relato.
- XXVIII -
De cómo vino la revelación
a un obispo de que un zapatero haría mover la montaña
Cuando tuvo
el obispo la revelación de que la oración de un zapatero
tuerto haría mover la montaña, se lo comunicó
a los cristianos. Y los cristianos obtuvieron que hiciera venir
el zapatero. Entonces le dijeron que elevara una plegaria al Señor
para hacer mover la montaña. Cuando el zapatero se hubo enterado
de lo que los cristianos pretendían de él, contestó
que no era tan santo para que el Señor le escuchase en tan
gran milagro. Los cristianos le instaron fervorosamente de interceder
por ellos, hasta que pudieron persuadirle de cumplir su voluntad
y de elevar a su Creador esta prez.
- XXIX -
De cómo la oración del
cristiano hizo mover la montaña
Cuando expiró
el plazo concedido por el califa, los cristianos se levantaron de
madrugada, y hombres y mujeres, pequeños y grandes, se fueron
al pie de la montaña en procesión, llevando la Cruz
del Salvador. Eran más de 100.000 reunidos en la llanura
los que rodeaban la Santa Cruz. El califa asistía por su
lado con un sinnúmero de sarracenos, pronto a exterminar
a los cristianos en cuanto la montaña no se moviese.
Y los cristianos,
grandes y chicos, tenían gran zozobra y miedo; pero, sin
embargo, esperaban en su Creador. Cuando todos, cristianos y sarracenos,
se hallaban reunidos en el valle, el zapatero se arrodilló
ante la Santa Cruz, y alzando sus brazos al cielo, imploró
al Salvador para que la montaña se moviera y para que los
cristianos no tuvieran que morir de muerte adversa. Y acabado que
hubo de impetrar la clemencia del cielo, la montaña empezó
a agitarse y moverse violentamente. Y así que el califa y
los sarracenos vieron esto, llenáronse de maravilla y más
de uno se convirtió, y el califa mismo se hizo cristiano
en secreto. Cuando murió le hallaron encima una cruz, y los
sarracenos no lo sepultaron en la tumba de los demás califas,
sino en lugar apartado.
Y así
se produjo el milagro.
- XXX -
En donde se habla de la ciudad de
Tauris
Tauris es una
gran ciudad en una provincia llamada Irac, en la cual hay numerosas
villas y castillos; pero como Tauris es la más noble ciudad
de esta provincia, os hablaremos de ella y de sus hechos. Los hombres
de Tauris son comerciales e industriales: fabrican paños
de oro y seda de gran valor. La ciudad está tan bien situada,
que desde la India, Bagdad, Mosul, Cremosor y de otras muchas envían
sus mercancías, así como los mercaderes latinos vienen
a adquirirlas desde países más lejanos. Hay abundancia
de piedras preciosas. Es ciudad en donde se enriquecen los mercaderes
y los navegantes. La población es una mezcla de mil razas:
hay armenios, nestorianos, jacobitas, georgios y persas; hay hombres
que adoran a Mahoma (y éstos son la mayoría), que
llaman taorizinos. La ciudad está rodeada de hermosos jardines,
llenos de abundante fruto. Los sarracenos de Tauris son malos y
desleales; la ley que les dio el profeta Mahoma les manda hacer
todo el daño que puedan a los cristianos y a los que no participen
de su fe, y que si los despojan no será pecado. Y por esta
razón harían cosas perversas si no fuera por la Señoría,
que se lo impide. Todos los sarracenos del mundo observan esta ley.
- XXXI -
Dejemos a Tauris y pasemos a Persia
La Persia era
antiguamente una inmensa provincia, noble e importante, pero en
el presente los tártaros la han destruido y diezmado. En
Persia se halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes
Magos cuando vinieron a adorar a Jesucristo. En esta ciudad están
enterrados en tres grandes y magníficos sepulcros. Encima
de los cenotafios hay un templete cuadrado, muy bien labrado. Estos
sepulcros se hallan el uno junto al otro. Los cuerpos de los Reyes
están intactos, con sus barbas y sus cabellos. El uno se
llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor. Micer Marcos
interrogó a varias personas con respecto a estos tres Reyes
Magos, y nadie supo dar razón de ellos, exceptuando que eran
Reyes y fueron sepultados ahí en la Antigüedad. Pero
os voy a referir lo que averiguó más tarde sobre el
particular:
Un poco más
lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar
llamado Cala Atapereistan, lo que en español significa: «Castillo
de los adoradores del fuego». Y esto es la verdad, pues estos
hombres adoran el fuego. Os diré por qué lo adoran:
Las gentes de ese castillo cuentan que en la Antigüedad tres
Reyes de esta región fueron a adorar a un profeta que acababa
de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la mirra,
para saber si ese profeta era Dios, rey terrestre o médico,
pues dijeron que si tomaba el oro, era rey terrenal; si el incienso,
era un Dios; si la mirra, entonces era un médico. Cuando
llegaron al sitio en donde había nacido el niño, el
más joven de los Reyes se destacó de la caravana y
fue solo a ver al niño y vio que era semejante a él,
pues tenía su edad y estaba hecho como él, y esto
lo llenó de asombro. Luego f ue el segundo de los Reyes,
que era de la misma edad, y contestó lo mismo. Y creció
al punto su sorpresa. Por fin, fue el tercero, que era el más
anciano, y le sucedió lo que a los otros dos. Y quedáronse
pensativos... Cuando se reunieron se contaron uno a otro lo que
habían visto y se maravillaron de ello.
Entonces decidieron
ir los tres a un tiempo, encontrando al niño del tamaño
y edad que le correspondía (pues no tenía más
que trece días). Ante él se postraron ofreciéndole
oro, incienso y mirra. El niño cogió las tres cosas
y, en cambio, les entregó un cofrecillo cerrado. Los Reyes
Magos volvieron después de esto a sus respectivos países.
- XXXII -
Relación de los Reyes Magos
que vinieron a adorar a Dios
Cuando hubieron
cabalgado algunas jornadas, se dijeron que querían ver lo
que el niño les habla dado. Abriendo el cofrecillo, se encontraron
que contenía una piedra. Sorprendidos, preguntáronse
qué significaría aquello, pues habiendo el niño
cogido las tres ofrendas, comprendieron los Reyes que el niño
era Dios, Rey terrestre y Médico, y debía de tener
aquello un sentido oculto, y, en efecto, el niño dio a los
tres Reyes la piedra, significándoles que fueran firmes y
constantes en su fe. Los tres Reyes tomaron la piedra y la echaron
a un pozo, ignorando aún su significado, y cuando la piedra
cayó al pozo, un fuego ardiente bajó del cielo y penetró
en el pozo. Cuando tal vieron los Reyes, quedaron estupefactos y
se arrepintieron de haber tirado la piedra, pues era un talismán.
Cogieron del fuego que salía del pozo para llevarlo a sus
respectivos países y ponerlo en un magnífico y rico
templo. Y desde entonces está ardiendo y le adoran como si
fuera un dios. Y los sacrificios y holocaustos que hacen son con
ese fuego sagrado. Jamás toman de otro fuego que no sea de
este maravilloso, caminando leguas y leguas para conseguirlo, cuando
se les acaba, por la razón que ya os dije. Y son numerosos
los que adoran el fuego en esta región. Todo esto le contaron
a mi señor Marco Polo, y también de que los tres Reyes
Magos el uno era de Sava, el otro de Ava y el tercero de Cashan.
Y ahora que os he contado esta historia os citaré otras ciudades
de la Persia, sus costumbres y gestas.
- XXXIII
-
Los ocho reinos de Persia
Sabed que en
la Persia hay ocho reinos, porque es una extensa provincia, y he
aquí los nombres de ellos: el primero se llama Casvin; el
segundo, hacía Mediodía, Kurdistán; el tercero,
Lor; el cuarto, Gulistán; el quinto, Ispahon; el sexto, Ceraci;
el séptimo, Sonkara; el octavo, Tonquín. Todos estos
reinos están hacia Mediodía, menos uno, que está
cerca del árbol solitario.
En este reino
hay magníficos caballos que llevan a vender a la India. Y
sabed que son caballos de gran valor, porque se venden muy bien
cada uno en 200 libras. También tienen los asnos mejores
del mundo, que valen hasta 30 marcos de plata cada uno, son grandes
corredores y muy resistentes. Estas gentes llevan los caballos hasta
Chisi y a Curmosa, que son dos ciudades en el litoral de la India;
allí encuentran mercaderes que se los compran, los llevan
al interior de la India y los tornan a vender a buen precio.
En este reino
hay gente muy cruel y homicida, y siempre tienen pendencias entre
ellos, que si no fuera por el temor a la Señoría de
los tártaros de Levante matarían a todos los negociantes
que viajan por esos parajes. Y a pesar de la soberanía de
los tártaros, no dejan de cometer fechorías, que si
los mercaderes no van bien provistos de armas y de flechas los matan
y los maltratan. Todos son musulmanes y observan la ley del Profeta.
En la ciudad
hay muchos mercaderes y artesanos que viven de su trabajo y del
tráfico de los mismos. Tejen el brocado de oro y seda de
toda especie. Hay en la comarca mucha abundancia: tienen maíz,
trigo, avena, cebada y alpiste y toda clase de vinos y frutas.
Dejemos estos
reinos y os contaré de la gran ciudad de Yasdi y de todo
lo que la concierne.
- XXXIV
-
De la ciudad de Yasdi
Yasdi es una
noble y bella ciudad de la Persia. En ella se fabrican brocados
de seda que llaman «yasdi» y que los comerciantes transportan
a muchas regiones para sacar de ellos pingües beneficios. Adoran
a Mahoma. Alejándose de ella, hay que cabalgar siete jornadas
en la llanura, y nohay más que tres lugares con habitaciones
donde repararse.
Hay buenos
caballos que tratan magníficamente, mucha caza en los bosques,
perdices y tordos en abundancia. También hay buen número
de pollinos salvajes. Al cabo de siete jornadas de marcha hay un
reino llamado Kerman.
- XXXV -
Del reino de Kerman
Kerman es otro
reino de la Persia y antiguamente tenía un senor hereditario,
pero después de la conquista de los tártaros ya no
es así, y tienen un gobernador impuesto por la voluntad del
Tártaro. En este reino hay semillero de piedras llamadas
turquesas. Las encuentran en las montañas picando la roca.
Tienen además minas de acero y ónix. Todos los arreos
de los caballos son muy bien labrados y cincelados, tanto los frenos
como las espuelas, las sillas, las espadas, arcos, goldres y aljabas,
vainas y demás armaduras en usanza.
Las damas y
damiselas bordan a la perfección sobre brocados de seda de
todos colores, animales, pájaros, flores y otros motivos.
Fabrican las gualdrapas de los barones y grandes capitanes, tan
primorosamente, que es maravilla el verlo. También confeccionan
almohadones, edredones, cojines, y todo esto con una habilidad increíble.
En las montañas nacen los más variados pájaros.
Los que mejor vuelan son de una especie más pequeña:
halcones pintados de rojo en el pecho y debajo de la cola; vuelan
con tanta rapidez que no hay pájaro que los alcance y los
sobrepuje.
Partiendo de
la ciudad de Kerman se galopa otras siete jornadas, encontrando
al paso castillos, caseríos y alquerías en gran cantidad.
El cabalgar es muy agradable por estas regiones, habiendo abundante
caza de perdices. Al cabo de las siete jornadas de marcha por esa
llanura, se da con una inmensa calzada agreste, cuya ascensión
dura dos jornadas y otras dos para bajar a la vertiente opuesta.
También aquí abunda la fruta. En otros tiempos hubo
habitaciones, pero ahora es terreno de mesta en donde sólo
pastan algunas majadas conducidas por sus pastores. En esta bajada
de la ciudad de Kerman reina en invierno tal frío que hay
que proveerse de mantas y abrigos para no sucumbir.
- XXXVI -
De la ciudad de Camandi
Al cabo de
la pendiente, después de dos jornadas de montura, se halla
uno en un inmenso llano, en cuya desembocadura está la ciudad
de Camandi, que antaño fue muy grande y noble ciudad. Pero
queda reducida hogaño, porque los tártaros la saquearon
en varias ocasiones. Esta llanura es muy calurosa.
La provincia
que mencionaremos ahora se llama Reobar. Sus frutos son los dátiles,
las manzanas, los pistachos y otras especies que no crecen en nuestras
regiones nórdicas. En este llano hay una especie de pájaro
que se llama francolín, que es diferente de los francolines
de otros países, pues son negros y blancos y tienen el pico
y las patas encarnadas. Los animales suelen también ser bastante
diferentes de los nuestros, y os hablaré ante todo de los
bueyes. Los bueyes son muy grandes y blancos como nieve, el pelo
liso y corto, por el calor sin duda; las astas gordas y pequeñas
y nada puntiagudas. En el lomo tienen una prominencia redonda, alta
dos palmos, es decir, una joroba. Son hermosísimos, y cuando
los quieren cargar se echan como los camellos; luego álzanse
por sí solos. Llevan muy bien pesadas cargas, siendo robustísimos.
Tienen el morro grande como el de los pollinos, y la cola tan gruesa
y larga que bien puede pesar treinta libras; son grandes y gordos,
y exquisitos como alimento. En esta llanura hay varios castillos
y villas fortificadas, con murallas altas y fuertes para la defensa
contra los caraunas, que son bandidos que merodean por el país.
¿Y por qué se llaman caraunas? Porque sus madres son
indias y sus padres tártaros. Cuando esta gente recorre el
país dedicándose al pillaje, lo hacen con encantamientos
y sortilegios y obras diabólicas, logrando que la atmósfera
se oscurezca de modo que nada se pueda divisar al horizonte. Y consiguen
que estas tinieblas perduren unos siete días. Conocen perfectamente
la región. Cuando han sumido al país en la oscuridad,
cabalgan apretados los unos contra los otros en grupos que llegan
a formar hasta un núcleo de 10.000 (a veces más y
a veces menos), de tal suerte, que ocupan casi toda la parte que
desean devastar, no escapando a su triste suerte ni hombre ni bestia
ni objeto alguno. De suerte que después de haber apresado
a los hombres, matan a los viejos y se llevan a los mozos, vendiéndolos
como siervos y esclavos. Su rey se llama Nogodar. Este Nogodar fue
a la corte de Ciagatai, que era hermano del Gran Khan, con 10.000
hombres, y vivió con él, pues era su tío y,
al mismo tiempo, un gran señor. Cuando hubo obtenido la hospitalidad,
Nogodar ideó y ejecutó una gran felonía. Ya
os diré cómo: Al separarse de su tío Ciagatai,
que vivía en la Armenia Mayor, se escapó con 10.000
hombres, todos crueles y ladinos; pasó por Badasian y por
una provincia que se llama Pasciai, por otra denominada Kesciemur,
perdiendo gente y ganado, porque los caminos eran estrechos y malos
y había muchos desfiladeros. Cuando hubieron pasado todas
estas provincias, entraron en la India limítrofe a una provincia
llamada Dilivar. Se apoderaron de una hermosa ciudad llamada Dilivar,
asentando en ella sus reales y desposeyendo al rey Asidin, sultán
poderoso. Ahí quedó Nogodar con sus huestes, y no
hubo nadie que mandara por encima de él, e hizo la guerra
a los demás tártaros que vivían en los vecinos
reinos.
He aquí
la historia de esa llanura y de las tribus que hacen la oscuridad
para dedicarse al bandolerismo. Micer Marcos fue preso por estas
gentes en la oscuridad, pero pudo escapar a un castillo llamado
Canosalmi. De sus compañeros pocos salvaron, fueron presos,
muertos o vendidos. Y os contaré ahora otras cosas más
amenas.
- XXXVII -
De la segunda meseta inclinada
Esta llanura
se extiende al Sur, en una longitud de cinco jornadas de marcha.
Y al cabo de estas cinco jornadas se encuentra una nueva meseta
que desciende 20 millas y ofrece caminos pésimos. En ellos
guarecen gentes maleantes, y el tránsito es poco seguro y
peligroso.
A la bajada
de esta pendiente hay una llanura muy bella, que se llama la llanura
de Formosa. Para llegar a ella se emplean dos jornadas; hay magníficos
ríos, bordeados de palmeras por doquier. Hay abundancia de
francolines, loros y otros pájaros que no existen en nuestra
tierra.
Después
de cabalgar otras dos jornadas, se llega al Océano, y en
la costa hay una ciudad llamada Cormos, que es puerto de mar. Los
mercaderes llegan a ella de las Indias en sus barcos, naves y galeras,
y traen toda suerte de especias y piedras finas y perlas y brocados
de oro y seda, colmillos de elefantes y otras mil mercaderías.
Allí las entregan a los naturales, que a su vez las desparraman
por todo el universo. Es una ciudad sumamente comercial. De ella
dependen muchas otras villas y castillos. Es la capital del reino,
cuyo rey se llama Ruemedan Acomat. El clima es tórrido, el
sol implacable y la costa un poco encerrada, de modo que no pasa
el aire. Si un mercader extranjero llega a morir en ella, el rey
se incauta de toda su fortuna. En esta región hacen un vino
de dátiles y especias que es exquisito, y cuando los hombres
lo toman se emborrachan y se purgan a la vez, lo que les hace gran
bien y les fortifica además los músculos. Los hombres
no comen como nosotros, pues si prueban el pan candeal y la carne,
enferman. Para conservarse sanos beben vino de palmera y comen pescado.
También comen muchas cebollas.
Su galeras
son muy malas y se van a menudo a pique, porque no están
clavadas con puntas de hierro, sino cosidas con hilo que fabrican
de la corteza de Indias, que hacen macerar y se vuelven fuertes
como crines de caballo. De estos hilos o cordeles hacen una red,
con la cual cubren la carena; pero aunque dure bastante, al cabo
del tiempoel hilo se deshace en el agua del mar. Las naves tienen
un árbol, una vela y un timón; carecen de puente;
cuando las cargan cubren las mercancías con cueros. No conocen
el acero, y por esta razón hacen el espolón de madera
y de cuerdas entretejidas. La navegación es muy agradable
en estas galeras, pero, como os he dicho, son inseguras y naufragan
con frecuencia, tanto más que hay grandes tempestades en
el mar de la India.
La población
es negra y adora a Mahoma. En verano la gente se aleja de la ciudad
porque el calor es tan intenso en ella que morirían; se van
a los alrededores, a sus jardines, en donde hay agua y ríos.
A menudo sopla en verano un vendaval de arena tan ardiente, que
mataría a todo el mundo si se quedara en la ciudad. Siembran
trigo, cebada y otros cereales en el mes de noviembre y lo recogen
en marzo, y así se hace con la recolección de todos
los frutos, pues se recoge y cuenta la cosecha en el mes de marzo;
después de este mes ya no encontráis ninguna sola
hierba ni fruto, pues el sol lo abrasa todo.
Las galeras
no están alquitranadas, sino untadas con una especie de aceite
de pescado.
Cuando muere
algún indígena, los hombres y mujeres le guardan mucho
duelo. Las mujeres especialmente lloran a sus muertos más
de cuatro años después de la defunción, por
lo menos una vez al día. Se reúnen para esta ceremonia
deudos, parientes y vecinos y celebran el duelo con gran pompa.
Dejemos
ahora esta ciudad.
No os referiré
aquí aún lo que atañe a las Indias, contándolo
más adelante en este libro en su tiempo y lugar. Volveremos
a pasar la montaña y regresaremos por otro camino a la ciudad
de Kerman, de la cual os hablé ya, pues para alcanzar esa
región, de la que quiero hablaros, hay que volver por la
ciudad de Kerman.
Ya os
dije que el rey Ruemedan Acomat, del cual nos separamos entonces,
es el que reina en Kerman. El camino de regreso de Cremosa a Kerman
está compuesto por bellas llanuras ricas en víveres.
Hay baños calientes. Hay perdices, frutos, dátiles
en cantidad. El pan de trigo es tan amargo, que nadie puede comerlo;
por lo tanto, no se consume, y esto es debido a que el agua con
que se amasa es amarga. Los baños de que os hablo son fuentes
termales calientes. Son excelentes para varias enfermedades y eczemas.
Deseo hablaros
ahora de otras comarcas que os iré nombrando en mi libro
hacia tramontana.
- XXXVIII -
De cómo se internó por
una comarca salvaje y pobre
Desde Kerman
cabalgamos siete jornadas por caminos feos y aburridos. Durante
tres días no encontramos ni un solo río, y las fuentes
que se hallan al paso son saladas; el agua es de color verde como
el pasto, y tan amarga, que nadie puede beberla. Si por casualidad
llega a probarla el viajero, se enferma. La sal que da esta agua
una vez evaporada es tan fuerte, que un solo grano produce cólicos
terribles. Por esta razón los hombres se llevan agua en las
alforjas de sus cabalgaduras. También sus caballerías
beben a veces de ella cuando están sedientas y les produce
igualmente cólicos. Durante tres días no se encuentra
ninguna habitación; todo alrededor es desierto y de aspecto
árido. No se ve rastro alguno de animales, pues no encontrarían
alimento.
Al cabo
de estas tres jornadas hay otra tirada de cuatro, en las mismas
condiciones. Todo es aridez, desolación; el agua amarga,
no hay ni árboles ni animales, a excepción de algunos
borricos salvajes. Por fin, después de estas cuatro jornadas
acaba el reino de Kerman y empieza la ciudad de Cobinan.
- XXXIX -
La grande y noble ciudad de Cobinan
Cobinan es
una gran ciudad. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay hierro, acero
e imán en gran cantidad. Fabrican espejos de acero grandes
y bellos. Aquí se hace la atutía, muy buena para los
ojos. Os diré cómo la obtienen: toman una tierra compuesta
de cobre y calamina, que sirve para hacer el latón; lo ponen
en un horno muy fuerte, sobre el cual hay una rejilla de hierro.
El humo y la humedad que se adhieren a la rejilla forman una sustancia
llamada «atutía», y lo que queda de la tierra
en el fuego es la «escoria», con la que se hace el latón.
Dejemos esta
ciudad y prosigamos.
- XL -
De cómo se pasa por un desierto
Cuando se aleja
uno de Cobinan se atraviesa un desierto por espacio de más
de ocho días, seco, árido, sin fruta ni árboles,
las aguas amargas y pésimas, y hay que llevarse toda clase
de provisiones para comer y beber, excepto el agua para las caballerías,
que, a pesar de tener mal sabor, ellas beben con gran avidez.
Al cabo de
las ocho jornadas se encuentra una provincia llamada Tonocain. En
ella hay cantidad de castillos y ciudades; confina con la Persia
hacia el poniente. En la llanura vastísima crece el árbol
que los cristianos llaman el árbol seco (álamo). Os
diré cómo es: es muy grande y gordo, sus hojas son
de un lado blancuzcas y del otro verdes. La corteza es como la del
castaño, pero la madera es fuerte y amarillenta; a 100 millas
a la redonda no se ve otro árbol, salvo en una dirección,
a unas 10 millas, en donde hay un arbolado de otras especies. En
este lugar es donde, según se dice, se efectuó el
encuentro entre Alejandro y Darío. Las ciudades y castillos
son ricas en cosas buenas; el clima es templado, ni demasiado frío
ni demasiado caliente. Las gentes rezan a Mahoma. El tipo de los
indígenas es gallardo; las mujeres, especialmente, son de
gran hermosura.
Dejemos esta
región y os hablaremos de otra llamada Muleet, en donde tenía
por costumbre vivir el Viejo de la montaña.
- XLI -
En donde se trata del Viejo de la
montaña y de sus asesinos
Muleet significa
herético, según la ley de Sarain. Os contaré
su historia, tal como la oyó repetidas veces micer Marcos.
Al viejo le
llamaban en su lengua Aladino. Había hecho construir entre
dos montañas, en un valle, el más bello jardín
que jamás se vio. En él había los mejores frutos
de la tierra. En medio del parque había hecho edificar las
más suntuosas mansiones y palacios que jamás vieron
los hombres, dorados y pintados de los más maravillosos colores.
Había en el centro del jardín una fuente, por cuyas
cañerías pasaba el vino, por otra la leche, por otra
la miel y por otra el agua. Había recogido en él a
las doncellas más bellas del mundo, que sabían tañer
todos los instrumentos y cantaban como los ángeles, y el
Viejo hacía creer a sus súbditos que aquello era el
Paraíso. Y lo había hecho creer, porque Mahoma dejó
escrito a los sarracenos que los que van al cielo tendrán
cuantas mujeres hermosas apetezcan y encontrarán en él
caños manando agua, miel, vino y leche. Y por esta razón
había mandado construir ese jardín, semejante al Paraíso
descrito por Mahoma, y los sarracenos creían realmente que
aquel jardín era el Paraíso.
En el jardín
no entraba hombre alguno, más que aquellos que habían
de convertirse en asesinos. Había un alcázar a la
entrada, tan inexpugnable, que nadie podía entrar en él,
ni por él. El Viejo tenía consigo a una corte de jóvenes
de doce a veinte años; era los que adiestraba en el manejo
de las armas, convencidos ellos también por lo que dice Mahoma,
que aquello era el Paraíso. El Viejo los hacía introducir
de a cuatro, de a diez y de a veinte en su mansión; les daba
un brebaje para nadormecerles, y cuando despertaban se hallaban
en el jardín, sin saber por dónde habían entrado.
- XLII -
De cómo el Viejo de la montaña
convierte a la obediencia y a la disciplina a sus asesinos
Cuando los
jóvenes despertaban y se encontraban en el recinto, creían,
por las cosas que os he dicho, que se hallaban en el cielo. Y damas
y damiselas vivían todo el día con ellos, tocando
y cantando y dándoles todos los gustos, sometidas a su albedrío.
De suerte que estos jóvenes tenían cuanto deseaban,
y jamás se hubieran ido de allí voluntariamente. El
Viejo, que tiene su corte en una espléndida morada, hace
creer a esos simples montañeses que es el Profeta. Y así
lo creen en verdad.
Cuando el Viejo
quiere enviar un emisario a cierto lugar para matar a un hombre,
hace que tomen el brebaje un determinado número de entre
ellos, y cuando están dormidos les hace llevar a su palacio.
Y cuando despiertan y les dice que van a tener que ir en misión,
se asombran, y no siempre están contentos, pues por su voluntad
ninguno se alejaría del Paraíso en donde se hallan.
Se humillan, sin embargo, ante el Viejo, pues creen que es el Profeta.
El Viejo les pregunta de dónde vienen; ellos contestan: «del
Paraíso», y aseguran que ese paraíso es realmente
como el que Mahoma describió a sus antepasados, haciéndoles
lenguas de cuantas maravillas contiene. Y los que no conocen aún,
tienen deseos de morir y de ir al cielo para alcanzarle pronto.
Así es que cuando el Viejo quiere hacer matar a un gran señor,
escoge por asesinos a los mozos que sean más garridos. Los
envía por el país y les manda matar a ese hombre.
Ellos van y ejecutan el mandato de su señor y vuelven luego
a su corte (por lo menos los que escapan con vida, pues hay muchos
de entre ellos que son ejecutados después de haber cometido
el reato).
- XLIII -
De cómo los asesinos se entrenan
para el mal
Cuando los
que se han salvado vuelven a su señor, dicen que han cumplido
con su misión. El Viejo demuestra gran regocijo y festeja
la hazaña. Ya le han enterado de quién puso más
ardimiento y diligencia en la ejecución, pues envía
a la zaga hombres que le informan de quién fue el más
arrojado.
Cuando el Viejo
quería quitar de en medio a algún señor u otro
hombre que le estorbaba, escogía entre sus asesinos a los
más aguerridos, los mandaba a donde quería, diciéndoles
que les enviaba al Paraíso y que matarán a tal o cual
hombre, y que si éste desaparecía les estaba reservado
el cielo. Lo que les mandaba lo cumplían de muy buena gana,
de manera que la víctima no escapaba a su mala suerte cuando
el Viejo así lo disponía. Así tenía
en jaque a varios reyes y varones, que no tenían ni idea
de que quisiera exterminarlos.
Os he referido
las artimañas del Viejo de la montaña y de sus asesinos;
ahora os contaré cómo fue derrotado y por quién.
Otra cosa se me olvidaba deciros: este Viejo tenía a otros
dos sicarios, que eran sus cómplices y tenían sus
malas costumbres. El uno lo envió a Damasco y el otro al
Kurdistán. Pero dejemos esto, y veamos cómo acabó.
Hacia el año 1262 del nacimiento de Cristo, Alan, el señor
de los tártaros de Levante, enterado de las horribles hazañas
de este Viejo, decidió que había que destruirle. Reunió
a sus barones, los envió bien provistos de gentes de armas
y pusieron cerco al castillo durante tres años; pero era
tan fuerte, que no pudieron tomarle. No hubiesen podido apoderarse
de él si los sitiados hubieran estado bien provistos de todo;
pero al cabo de los tres años se acabaron los víveres,
y entonces el Viejo de la montaña, de nombre Aladino, hubo
de rendirse con toda su gente, y pereció infamemente.
Desde aquella
época hasta hoy no hubo más asesinos y acabó
el terror que el Viejo de la montaña sembrara en el pasado.
Y dejemos ahora
esto y prosigamos nuestra relación.
- XLIV -
De la villa de Sapurgan
Dejando
este castillo se cabalga por hermosos llanos y valles con ricos pastizales,
frutos, hierbas en gran abundancia. Los ejércitos se complacen
en quedarse en ellos por la gran cantidad de cosas que hallan para
su sustento. Esta región se cabalga en ocho días, pasando
por villas y castillos. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay
trozos en que hay que cabalgar por un desierto de 60.000 millas,
en donde escasea el agua, que conviene llevar consigo. En cuanto
a los animales, aguantan sin beber hasta encontrar una fuente.
Después
de cabalgar ocho días se llega a una ciudad llamada Sapurgan.
Es una ciudad rica y abundante. En ella se encuentran los mejores
melones del mundo, en gran cantidad, que ellos tienen por costumbre
de secar del modo siguiente: los cortan alrededor como correas,
los ponen luego al sol a secar y sevuelven más dulces que
la miel. Con ellos comercian y los venden en los alrededores. También
hay multitud de pájaros y caza. Dejemos esta villa y os contaremos
de otra llamada Balc.
- XLV -
De la noble y gran ciudad de Balc
Balc es una noble y gran ciudad. En lo antiguo fue más próspera,
pero la invasión de los tártaros y otros pueblos la
han echado a perder. Tenía antes magníficos palacios
y casas de mármol, pero éstas fueron destruidas. Aquí
fue donde Alejandro tomó por esposa a la hija de Darío.
Los habitantes adoran a Mahoma. Hasta aquí llega la tierra
del señor de los tártaros de Levante, y esta ciudad
es limítrofe a la Persia.
Dejemos esta
ciudad y hablemos de otro país llamado Dogana. Abandonando
la ciudad de Balc, se cabalgan doce jornadas sin encontrar rastro
alguno de habitaciones, porque la gente huyó toda a la montaña
y se refugió en las fortalezas, por miedo a los bandidos,
que les tenían atemorizadas.
Hay agua
en gran cantidad, caza y leones.
No se hallan
víveres con facilidad durante estos doce días, así
que hay que proveerse de ellos para sí y las caballerías.
- XLVI -
En donde se menciona la montaña
de sal
Después
de andar doce días se halla una ciudad fortificada, llamada
Taican; en ella hay alhóndiga. Es una región muy hermosa,
y las montañas de Mediodía son grandes y dan mucha
sal. De todas partes vienen a cogerla, hasta de veinte jornadas
de distancia, porque la sal es excelente. Es tan dura, que no puede
partirse más que con la picota de hierro, y la hay en tanta
abundancia, que durará hasta el fin del mundo.
Hay tres jornadas
de marcha desde esta ciudad, entre Nordeste y Levante, siempre entre
poblados y una comarca rica en frutas, trigo y viñedos. Beben
mucho y frecuentan a menudo las tabernas, pues tienen muy buen vino
cocido. No se tocan la cabeza más que con una banda retorcida
de diez palmos de larga, con la cual se la envuelven. Son buenos
cazadores, y se dedican también a la cetrería. No
se visten más que con pieles de animales, que ellos mismos
cazan, cosen y adaptan para cubrirse el cuerpo; con las mismas se
calzan también; todos saben coser las pieles.
A tres jornadas
de marcha se encuentra una ciudad llamada Scasem, que pertenece
a un conde, y los demás castillos y ciudades están
en la falda de la montaña. Por medio de esa ciudad pasa un
gran río.
Hay muchos
erizos. Los cazadores los persiguen con sus perros; entonces el
animal se repliega sobre sí mismo y lanza sobre la jauría
las púas que cubren su dorso; así logra herir mortalmente
a más de un perro.
Scasem está
en una gran provincia que lleva el mismo nombre. Tiene idioma propio.
El pueblo se dedica al pastoreo, es montaraz y posee en la montaña
espaciosas habitaciones. También viven en cavernas, que ellos
mismos se escarban fácilmente en la montaña, que es
de arcilla blanda. Partiendo de esta ciudad se vuelve a caer en
despoblado durante leguas y leguas, sin encontrar ni habitación
ni alimento ni que beber, si no se lleva consigo.
Al otro extremo
de la provincia se encuentra Balacian, que os describiré.
- XLVII -
De la gran provincia de Balacian (Badakchan)
Balacian es
una provincia en donde adoran a Mahoma. Tiene idioma propio. Es
un gran reino hereditario, es decir, que la dinastía desciende
directamente de Alejandro y de la hija de Darío, el gran
rey de Persia. Todos estos reyes se llaman en sarraceno Qulcarnein,
lo que significa en español Alejandro, por amor del gran
rey.
En esta provincia
nacen las piedras preciosas llamadas «balax», que son
bellas y de gran valor. Nacen en las rocas de la montaña.
Los naturales perforan grandes galerías y taladran la montaña
para buscarlas, como se hace con las venas argentíferas.
Se encuentran en una montaña llamada Sighinan. El rey la
manda taladrar sólo para él, y nadie puede ir a esta
montaña para buscar los «balax», so pena de muerte.
Al que las cogiera se le aplicaría la pena capital. El rey
las envía en obsequio a los demás reyes, príncipes
y grandes señores; a éste por cortesía, al
otro para granjearse su amistad; pero también las hace vender
para comprar oro y plata. Por eso no las deja coger por cualquiera
y vender por todo el mundo, porque así quitaría a
estos «balax» su valor. Y, por tanto, se esfuerza en
que nadie las transporte sin su permiso. Sabed que en esta región
hay otras montañas en donde se encuentra el lapizlázuli
del más fino y mejor, la piedra de la cual se saca el azur,
que está en filones en la montaña, como los demás
minerales.
También
hay minas de plata.
Es una comarca
muy fría; nacen en ellas caballos que son grandes corredores
y no van herrados. Tienen el pie muy firme en la montaña.
También nacen halcones sagrados, que son muy hermosos y vuelan
muy alto. Hay gran cantidad de aves y de pájaros de toda
especie. Tienen trigo y cebada.
No tienen
aceite de oliva, pero lo hacen de nueces y de cinamomo. En esta
tierra hay desfiladeros, tan angostos en varios lugares, que nadie
puede penetrar en ellos, y tajos fantásticos, y las ciudades
y castillos en las montañas son fortalezas inexpugnables.
Son buenos arqueros y tiradores; se visten con cueros de animales,
porque el paño es muy caro. Las grandes damas y los gentiles
llevan pantalones, como os contaré más adelante. Hay
algunas que se cubren las piernas con 100 brazadas de tela; otras
con 80 ó 60, y lo hacen para demostrar que son gruesas, porque
a los hombres les gustan las mujeres entradas en carnes.
Después
de haberos descrito este reino, os contaremos de gente varia que
se halla al Mediodía, a diez jornadas de esta provincia.
- XLVIII -
En donde se habla de la provincia
de Pasciai
A diez jornadas de Balacian hay una provincia llamada Pasciai. Los
indígenas son idólatras y tienen idioma propio. Los
hombres llevan en las orejas unos zarcillos de oro y plata, perlas
y piedras preciosas. Son maliciosos, listos y prudentes. Esta provincia
tiene clima cálido. Se alimentan de carne y arroz. Dejemos
esta relación para hablaros de otra provincia, a siete jornadas
de distancia hacia el viento griego y que tiene por nombre Kesimur.
- XLIX -
De la provincia de Kesimur (Cachimira)
Es una provincia
que aún tiene idólatras. También con idioma
propio. Se entregan a toda especie de encantamientos, brujerías
y artimañas diabólicas. Hacen hablar a los ídolos.
Por sus consejas hacen cambiar el tiempo y pueden producir la oscuridad
en la atmósfera. Hacen mil cosas por poder de magia o por
ciencias ocultas. Son jefes de otras tribus idólatras y les
abastecen de ídolos. Desde este país se podría
ir al mar de Indias. Los naturales son morenos y delgados: las mujeres,
muy bellas y morenas también. Sus alimentos consisten en
carne y arroz. Es tierra templada, en donde no hace frío
ni calor. Tienen bosques frondosos. Son autónomos, y su rey
hace observar la justicia. Hay ermitaños que viven en sus
cenobios y observan abstinencia absoluta; son muy castos y no pecan
contra su fe. Los tienen por muy santos; viven muchos años,
y la abstención de pecar la hacen por amor a sus ídolos.
Han construido muchas abadías y monasterios de su religión.
En esta comarca
se venden más corales que en ninguna otra parte.
Dejaremos esta
provincia y no continuaremos hacia la India. No quiero aún
tocar este punto, porque a la vuelta os hablaré de todo lo
referente a la India. Por eso retrocedamos a nuestra provincia,
hacia Balacian, porque es imposible ir por otra región.
- L -
Del gran río Balacian (Badakchan)
Dejando a Balacian,
se navega doce jornadas entre Levante y sobre un río que
es del hermano del señor de Balacian, en cuyas orillas hay
muchas casas y castillos. Los hombres son valientes y rezan a Mahoma.
Al cabo de las doce jornadas se llega a una provincia, que no tiene
mucha extensión, pues se recorre en tres jornadas en todos
sentidos, y se llama Vocan. Tienen idioma propio y sus habitantes
son de raza guerrera. Tienen por jefe a un señor que llaman
None, lo que en español significa conde, pero son vasallos
del señor de Balacian. Tienen animales en cantidad, caza
y venados de todo especie.
Alejándonos
de este lugar, caminamos doce días hacia Nordeste, por sitios
montañosos, y llegamos a un lugar que es el más elevado
del mundo. Allí hay un valle entre dos montañas, por
el cual corre un magnífico río y las mejores praderas
de ricos pastizales, pues un animal flaco engorda en diez días.
Hay gran abundancia de fieras. Multitud de carneros salvajes, muy
grandes, con cuernos hasta de seis palmos y, por lo general, de
tres o cuatro. De estas astas hacen los pastores cuencos, en los
cuales comen; aquí encierran a sus animales en cercados.
Esta meseta se llama de Pamir, y durante doce jornadas no hay ningún
poblado, y conviene que los viajeros lleven provisiones. No hay
pájaros voladores por la latitud y el frío. El fuego
no es tan claro como en otras partes por el frío intenso,
y las cosas tardan mucho en cocer.
Dejemos este
relato para entreteneros de otras cosas hacia Nordeste y Levante.
Al cabo de las doce jornadas conviene cabalgar otras cuarenta más
entre Nordeste y Levante por montes, cuestas y valles, vadeando
ríos, recorriendo desiertos sin habitaciones ni manera de
aprovisionarse, por lo que le conviene al viajero llevar consigo
víveres. A esta región la llaman Belor. Los hombres
viven a una latitud muy elevada. Son idólatras y muy salvajes;
no viven de la caza; son malísimos.
Dejemos esta
inhospitalaria región, para contaros de la provincia de Cascar.
- LI -
Del reino de Cascar (Caschgar)
Cascar fue
antaño un reino; ahora pertenece al Gran Khan. Las gentes
adoran a Mahoma. Hay muchas poblaciones y castillos, y la más
importante ciudad es Cascar. Están también situados
entre Nordeste y Levante; crecen muchas plantas de algodón
y salen de esta región mercaderes que van por todo el mundo
haciendo negocio con esta planta. La población es miserable
y pobre, muy sobria en el comer. En este país hay cristianos
nestorianos, que tienen su Iglesia y su credo. Los de la provincia
hablan un idioma propio. En su totalidad se recorre en cinco jornadas.
Dejémosla para tratar de Samarcanda.
- LII -
De la gran ciudad de Samarcanda
Samarcanda
es una grande y noble ciudad. Los habitantes son cristianos y sarracenos,
y son vasallos del sobrino del Gran Khan, que, no obstante, no es
su amigo, pues varias veces ha probado su enemistad hacia él.
Es el verdadero amo. Os contaré un gran milagro que sucedió
en esta ciudad.
Hace en verdad
poco tiempo que Ciagatai, hermano carnal del Gran Khan, se hizo
cristiano. Era señor de esta región y de varias otras
comarcas. Cuando los cristianos de la ciudad de Samarcanda se enteraron
de que su señor era cristiano, llenáronse de alegría
y construyeron en esta ciudad una gran iglesia en honor a San Juan
Bautista. Tomaron un bello trozo de piedra que pertenecía
a los sarracenos y lo pusieron como pilar a una columna que había
en medio de la iglesia y que sostenía la bóveda de
la misma. Mas sucedió que Ciagatai dejó de existir,
y cuando los sarracenos supieron que había muerto, airados
por saber esa piedra en la iglesia cristiana, se dijeron que la
arrebatarían a la fuerza. Lo que les era muy fácil,
pues sobrepujaban quince veces en número a los cristianos.
Entonces las personas principales entre los sarracenos fueron a
la iglesia de San Juan, expusieron sus títulos ante los cristianos
y les exigieron la devolución del pilar. Los cristianos replicaron
que le darían cuanto quisieran, pero les suplicaban les dejasen
esa piedra, pues sería gran lástima se la quitaran
de la iglesia. Los sarracenos replicaron que no querían ni
oro ni tesoro, sino esa piedra a todo trance. El mando y señorío
pertenecía a ese sobrino del Gran Khan. Éste ordenó
que dentro de dos días fuera devuelta la piedra a los sarracenos.
Y cuando esta orden llegó a los cristianos, se encolerizaron
y no supieron qué hacer... Pero se produjo el milagro que
os voy a contar: Cuando llegó la madrugada del día
fijado, la columna que descansaba sobre el pilar, por voluntad de
nuestro Señor Jesucristo se apartó del pilar y se
elevó en el aire casi a tres palmos de tierra, y así
se sostuvo, como si la piedra hubiera estado debajo. Desde aquel
día la columna quedó suspendida, y así permanece
todavía, lo que por todos fue considerado un gran milagro.
Dejemos esto
para contar las particulardades de una provincia llamada Yarcan.
- LIII -
Aquí trata de la provincia
de Yarcan (Yarken)
Yarcan es una
provincia que se recorre en cinco jornadas. La población
obedece a la ley de Mahoma. Hay algunos cristianos nestorianos.
Pertenecen a la jurisdicción del sobrino del Gran Khan, del
cual os hablé anteriormente. Viven en la abundancia, pero
no hay nada notable que contar; por eso pasamos de largo y os hablaremos
de Cotan (Khotan).
- LIV -
De la provincia de Cotan (Khotan)
Cotan es una
provincia entre Levante y Nordeste, larga diez jornadas. Pertenece
al Gran Khan. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay numerosos castillos
y ciudades, y la más noble entre ellas, cabeza del reino,
se llama Cotan. Hay abundancia de productos, algodoneros en cantidad;
tienen propiedades, viñas y jardines. Viven del comercio
y la industria. No son guerreros.
De aquí
salimos para Pem, otra provincia de la cual os hablaremos.
- LV -
De la provincia de Pem
Pem es una
provincia que se recorre en cinco jornadas entre Levante y Nordeste;
los habitantes adoran a Mahoma y son vasallos del Gran Khan. Es
rica en ciudades y castillos, y la capital del reino se llama Pem.
Hay un río en ella, cuyas aguas llevan el diaspro y la calcedonia.
Hay abundancia de productos. El algodón crece por doquier.
Viven del comercio y de la industria. Tienen una costumbre singular:
cuando una mujer tiene un marido que se separa de ella para ir de
viaje por más de veinte días, tiene derecho a escoger
otro marido. Así es la costumbre.
Esta provincia
de Cascar pertenece hasta ahora a la Gran Turquía. Dejemos
estos para contaros de la provincia de Ciarcian.
- LVI -
Aquí empieza el relato de la
provincia de Ciarcian
Ciarcian es
una provincia de la Gran Turquía, entre Nordeste y Levante.
Los habitantes adoran a Mahoma. Posee numerosas ciudades y castillos,
y la más hermosa de entre ellas es la capital, llamada Ciarcian.
Hay un río
que lleva en sus aguas el diaspro y la calcedonia, que se vende
en Catá, y produce mucha riqueza, porque lo hay en cantidad
y es excelente. Toda esta provincia es arenosa, y de Cotan a Pem
hay dunas de arena, así como en el mismo Pem. Hay aguas estancadas
y amargas, pero también las hay potables y dulces. Cuando
llega un ejército enemigo, se refugian con sus mujeres e
hijos y caballerías entre las dunas durante dos o tres días,
en donde saben que hay agua y podrán subsistir. Nadie puede
descubrir su paradero, porque el viento borra los rastros por donde
han pasado, como si jamás hubiera habido una pisada humana
por esos parajes. De esta forma escapan al enemigo. Y si sucediera
que un ejército pasara por ahí y que fuera un ejército
amigo, esconden a los animales, pues no quieren que los cojan y
coman, pues los guerreros no suelen pagar lo que toman.
Desde Ciarcian
hay cinco jornadas de marcha entre las dunas, donde hay aguas fétidas
y amargas. No hay nada digno de mención, por lo demás,
en esta provincia. Al cabo de cinco días se encuentra una
ciudad al extremo del desierto, donde es menester que los hombres
se aprovisionen de víveres para poderle pasar.
Prosigamos
el relato y dejemos esto.
- LVII -
De la ciudad de Lop
Lop es una
gran ciudad a orillas del gran desierto llamado de Lop, entre Levante
y Nordeste. Esta ciudad pertenece al Gran Khan. Los habitantes adoran
a Mahoma. Los que desean pasar el desierto descansan en ésta
durante una semana para refrescarse y aliviar la carga de sus cabalgaduras.
Al cabo de la semana se abastecen de víveres para un mes
y dejan la ciudad para entrar en el desierto.
Éste
es tan inmenso, que en un año no se llega a recorrerlo en
toda su extensión.
En donde es
más estrecho hay que emplear un mes en la travesía.
Está lleno de dunas, montañas y valle No hay nada
que comer en él. Al cabo de un día y una noche de
marcha se encuentra, sin embargo, agua, de sabor algo agrio, pero
que puede apagar la sed a unos 50 ó 100 hombres, con sus
caballerías. Sólo en otros dos sitios se encuentra
agua amarga; las otras son buenas, y hay hasta 28 abrevaderos. No
hay fauna ni pájaro alguno, porque no encuentran qué
comer.
Pero oiréis
de él una maravilla que os contaré:
Si cabalgando
de noche por ese desierto alguien se aleja de la caravana y se queda
distante de sus compañeros para dormir o para otra necesidad,
al querer alcanzarlos oye voces que le hablan como si fueran sus
compañeros de viaje, y que le llaman hasta por su nombre.
Esto les hace perderse más y más, de forma que se
extravían por completo. De este modo perecieron y se perdieron
muchos viajeros. Hasta durante el día oís las voces
de esos espíritus y os parece oír instrumentos extraños,
así como tambores.
Así
se pasa el desierto con grandes fatigas. Dejémosle, pues
os he contado sus particularidades, y os mencionaré la provincia
que se encuentra en este desierto.
- LVIII -
De la provincia de Tangut
Después
de tres días de marcha en el desierto ya nombrado, se encuentra
una ciudad llamada Saciú, que pertenece al Gran Khan; la
provincia se llama Tangut. En ella son todos idólatras. Hay,
sin embargo, algunos cristianos nestorianos. También hay
sarracenos. Los idólatras tienen un lenguaje propio. No viven
del comercio, sino de la agricultura. Hay muchas abadías
y monasterios llenos de ídolos de muchas clases, a los cuales
sacrifican y por los que sienten gran reverencia. En cuanto a un
hombre le nace un hijo, engordan un carnero para ofrecérselo
al ídolo. Al cabo del año, en el día de la
fiesta del ídolo, el que ha criado el cordero se lo lleva
en gran pompa con sus hijos al templo. Luego le cuecen, le llevan
ante el dios con gran respeto y le dejan ahí hasta hacer
sus oraciones, para que el ídolo proteja a su niño,
pues creen que los ídolos comen la sustancia de la carne.
Después de esto cogen la carne, se la llevan a su casa en
triunfo y convidan a parientes y amigos a comerla con gran alboroto,
y cuando han comido la carne guardan cuidadosamente los huesos en
un armario, en lugar seguro, porque fueron tocados por el ídolo.
Los idólatras
de todo el mundo se hacen incinerar cuando fallecen y les llevan
después de muertos al sitio en donde han de ser quemados.
En un lugar indicado hacen sus parientes una casita de madera, que
cubren de seda y telas de oro, y cuando el difunto está depositado
en este túmulo la concurrencia le trae vinos y viandas. Lo
hacen esto porque pretenden que así le han de recibir en
el otro mundo. También cuando el cadáver llega al
sitio donde tiene que ser quemado, sus parientes y allegados hacen
cortar en papel formas humanas, caballos, monedas grandes como bizancios,
y otros simulacros, que hacen quemar junto con el cuerpo del difunto,
y pretenden que en el otro mundo el muerto tendrá tantos
carneros, esclavos, animales y objetos como los que queman en efigie
de cartón.
Cuando llevan
el cuerpo a incinerar tañen cuantos instrumentos tienen y
hacen música a su alrededor.
Otrosí;
cuando estos idólatras mueren, los deudos llaman a los astrólogos,
les dicen la fecha del nacimiento, el mes, el día y la hora,
y según eso los astrólogos adivinan, por arte diabólico,
cuál es la fecha en que han de quemar el cuerpo. Y así
permanece el cadáver en su casa una semana, un mes y hasta
seis meses sin quemar, pues jamás le incinerarían
sin que el adivino les advirtiera que era llegada la hora. Mientras
tanto queda el cuerpo depositado en la casa del modo siguiente:
hacenuna caja con gruesos tablones de un palmo bien calzado, ponen
en ella el cuerpo del difunto y le cubren de lienzos empapados en
alcanfor y otras materias aromáticas, de forma que el cuerpo
no despida mal olor.
Los parientes
del difunto, tantos días como guardan el cuerpo en su casa,
tantos como le hacen participar de las comidas, poniendo el ataúd
cerca de la mesa, dándole de comer como si estuviera vivo.
Este simulacro dura un rato, porque pretenden que el alma come de
estos alimentos. Algunas veces el astrólogo les dice que
no conviene que el muerto salga por la puerta, y la hacen cegar
con una plancha, sacándole por otra puertas o a veces abriendo
un boquete en la pared.
Todos los idólatras
tienen estas mismas costumbres.
Dejaremos esta
materia para tratar de otras ciudades que están allende en
el desierto.
- LIX -
En donde se menciona la provincia
de Camul (Khamil)
Camul es una
provincia que fue antaño un reino con ciudades y castillos
numérosos; su capital se llama Camul igualmente. La provincia
está enclavada en el desierto; de un lado hay el gran desierto
y de otro uno más pequeño, que se recorre en tres
jornadas. Los indígenas son idólatras y tienen idioma
propio; viven de fruta, pues la hay en abundancia, alimento que
ellos venden también a los viajeros que pisan por allí.
Son hombres de carácter alegre, que no saben más que
cantar, tocar toda clase de instrumentos y darse a las delicias
del cuerpo. Son hospitalarios, y si un extranjero viene a hospedarse
en su casa, están encantados, ordenando a sus mujeres que
hagan la voluntad del huésped. Ellos se van de la casa a
ocuparse de sus asuntos, no regresando en dos o tres días.
El forastero queda solo en casa de la mujer y hace lo que le parece;
se acuesta con ella como si fuera su mujer propia, y ellos lo toman
esto a mucha honra. Todos los de esta ciudad son burlados por sus
mujeres, pero no se ofuscan por eso. Las mujeres suelen ser hermosas
y muy alegres.
Y aconteció
que en tiempos de Mongu Khan, señor de los tártaros,
le fue referido que la gente de Camul permitía a sus mujeres
cometer adulterio con los forasteros. Y Mongu les prohibió,
so gran pena, de no albergar más a extranjeros en su casa.
Cuando esto oyeron los de la población se indignaron. Reuniéronse
todos en consejo y decidieron lo siguiente: llevar a Mongu un gran
presente, pidiéndole que les dejara usar de sus mujeres como
bien les parecía, según la costumbre de sus antepasados,
que les mandaban dejar a los extranjeros disfrutar de sus mujeres
y de sus bienes. Que los ídolos veían este proceder
con complacencia y con eso se multiplicaban sus haberes en vez de
menguar. Cuando Mongu Khan oyó estas razones, dijo: «Puesto
que queréis vuestra vergüenza y vituperio, tenedlos».
Y consintió que hicieran su voluntad y mantuvieran sus costumbres,
como lo hacen hasta nuestros días.
Dejemos Camul
y vamos hacia tramontana, a una provincia perteneciente al Gran
Khan.
- LX -
En donde se habla de la Provincia
de Gkingkintalas
Gkingkintalas
es una provincia que está más hacia Poniente cerca
del desierto, a una distancia de dieciséis jornadas. Pertenece
al Gran Khan; hay en ella castillos y ciudades y tres clases de
religiones: los cristianos nestorianos, los que adoran a Mahoma
y los idólatras.
En el confín
de esta provincia hay hacia Poniente una montaña en la cual
se encuentran filones de acero y ónix.
También
de la misma se saca el mineral que sirve para hacer la salamandra
(el amianto). Y sabed que la salamandra no es un animal como se
dice, sino lo que os voy a explicar. Es cierto que ningún
animal puede vivir en el fuego, porque su naturaleza está
compuesta por los cuatro elementos. Como la gente no sabía
lo que era una salamandra, decían que era un animal, pero
no es así. Tenía un compañero de viaje cuyo
nombre era Curficar, un turco muy sabio que vivió tres años
con el gran Khan para explotar la salamandra, el ónix, el
acero y otras cosas. El Gran Khan le había encargado de gobernar
durante tres años esta provincia, para ocuparse de la salamandra,
y mi companero me explicó el hecho y le vi con mis propios
ojos. Cuando se taladra la montaña se saca un mineral que,
una vez desmenuzado, se mantiene unido por filamentos como la lana.
Por eso cuando se tritura este mineral se deja secar, luego se machaca
en grandes morteros de cobre, luego se lava bien y se seca y quedan
esas hebras de las cuales os hablo. Luego ese hilo que se parece
a la lana se hila y con él se hacen hermosas telas. Estas
telas no son, empero, muy blancas. Mas las ponen en el fuego y las
dejan allí algún tiempo y se vuelven blancas como
la nieve. Es menester, sin embargo, que esta tela de salamandra
no tenga costura alguna, ni roto, para poderla meter en el fuego
y que se vuelva blanca. Ésta es la verdad; la salamandra
y todo lo demás son cuentos y fábulas. Os diré
además que en Roma hay un gran lienzo que el Gran Khan envió
al Papa como presente para poner en él el sudario de nuestro
Señor Jesucristo.
Dejemos esta
provincia y os contaré de otra entre Levante y Nordeste.
- LXI -
De la provincia de Succu
Alejándonos
de esta provincia por el espacio de diez jornadas entre Levante
y Nordeste no se encuentra poblado alguno. Nada hay digno de mención;
al cabo de estas diez jornadas nos encontramos con una provincia
llamada Succu, en la cual hay numerosas ciudades y castillos, y
la capital tiene por nombre Succu. Hay en ellas cristianos e idólatras;
son vasallos del Gran Khan. La provincia a la cual pertenece ésta,
y que mencioné más arriba, se llama Tangut. Por las
montañas que la cubren se recoge el ruibarbo en cantidad.
Allí lo adquieren los mercaderes para llevarlo a vender por
el mundo. Los indígenas viven de la agricultura. Dejando
estos lugares, os hablaremos de una ciudad llamada Campiciú.
- LXII -
De la ciudad de Campiciú
Campiciú
es una ciudad que se halla en Tangut. Sus habitantes son idólatras
y algunos de entre ellos adoran a Mahoma. Hay también cristianos
que tienen tres grandes y hermosas iglesias. Los idólatras
también tienen sus templos y rezan según sus ritos.
Poseen una cantidad de ídolos; los hay enormes, los unos
de madera, los otros de piedra o de barro, todos cubiertos de oro
y muy bien labrados. El ídolo gigante está en medio
de varios otros pequeños que parecen rendirle pleitesía.
Y ya que os hablo de los ídolos, voy a contaros más
pormenores sobre ellos.
Sabed que el
clero regular de los idólatras vive más honestamente
que las demás gentes. Evitan la lujuria, aunque no la tienen
por gran pecado. Pero si un hombre yace con una mujer contra natura,
lo condenan a muerte. Tienen un almanaque para contar las lunas
y los meses como nosotros. Hay una época del lunario en la
cual los idólatras no matan a los animales ni a los pájaros
durante cinco días, ni comen de una res que haya sido sacrificada
durante esos días, y viven durante ellos más honestamente
que los demás días. Tienen derecho a tener treinta
mujeres, más o menos, según la proporción de
su matrimonio y puedan mantenerlas. Los hombres dan a sus mujeres
para su manutención ganado, esclavos y dinero según
sus medios. Por lo general tienen a la primera mujer por lamejor.
Si ven que una de sus mujeres no tiene buena conducta o deja de
gustarle, pueden, repudiarla y hacer según su albedrío.
Se casan con sus primas y también con las viudas de sus padres.
No tienen en cuenta ciertos pecados graves para nosotros, porque
viven como los animales.
Hagamos punto
y os contaremos otros hechos hacia Poniente. Micer Nicolás,
micer Mafeo y micer Marcos vivieron un año en esta ciudad
por un hecho que es inútil mencionar. Y prosigamos a sesenta
jornadas hacia Poniente.
- LXIII -
De la ciudad de Eçina
Partiendo de
Campiciú, se cabalgan doce jornadas hasta llegar a una ciudad
llamada Eçina, que está limitando con el desierto
de arena hacia tramontana y pertenece a la provincia de Tangut.
Los indígenas son idólatras. Tienen ganado caballar
y lanar. Se crían excelentes halcones laneros, alfaneques
o negris. Viven de la agricultura y no se dedican al comercio.
En esta ciudad
hay que abastecerse para cuarenta días, pues en dejándola
se atraviesa un desierto hacía Poniente durante cuarenta
días, donde no hay ni habitaciones, ni ventas, ni rastros
humanos, más que en verano en los valles y montañas.
Se encuentran, sin embargo, a menudo burros salvajes y animales
extraños. Hay también bosques de pinos. Después
de cuarenta días por este desierto se llega a una provincia
hacia Poniente, y oiréis cuál.
- LXIV -
De la ciudad de Caracoron
Caracoron es una ciudad que tiene tres millas de circunferencia.
Es la primera plaza fuerte que los tártaros arrebataron al
enemigo al salir de su patrimonio. Os contaré las gestas
de los tártaros de cómo conquistaron al mundo y cómo
realizaron su expansión. Los tártaros vivían
hacia Poniente en los alrededores de Ciorcia; en esta región
había una gran llanura pelada, sin habitaciones ni ciudades
ni fortalezas: pero los pastos eran excelentes, los ríos
caudalosos. No tenían señor, pero es lo cierto que
pagaban un tributo a un señor que en su idioma llamaban Khan,
lo que en español significa el gran señor. Y fue éste
el Preste Juan, del cual hablan todos en el gran Imperio. Los tártaros
le daban una renta de diez cabezas de ganado, y adivino que se multiplicaron,
y cuando esto vio el Preste Juan, decidió dividirlos en varias
regiones. Envió a ellas para regentarlos a sus barones. Y
cuando los tártaros oyeron lo que hacía con ellos
el Preste Juan, montaron en cólera. Emigraron entonces todos
juntos y fueron hacia el desierto de tramontana, adonde el Preste
Juan no podía ni alcanzarles ni perjudicarles. Se declararon
en rebelión, no pagaron ya sus alcabalas y así quedaron
por algún tiempo.
- LXV -
De cómo Gengis fue el primer
Khan de los tártaros
Y sucedió
que en el año de 1187 de la Encarnación de Jesucristo
los tártaros eligieron como rey a un hombre que en su lengua
se llamaba Gengis Khan. Era hombre de gran valor, de buen sentido
y valiente como el que más. Y cuando le eligieron rey, todos
los tártaros del mundo que se hallaban desparramados en países
extranjeros se llegaron a él y le aclamaron como gran señor.
Y Gengis Khan mantenía su autoridad franca y llanamente.
Los tártaros acudieron numerosísimos, y cuando Gengis
Khan vio que había tal multitud, se calzó las espuelas,
se armó de arco y coraza y fue a la conquista de otras partes
del reino. Y conquistaron ocho jornadas de tierra. Pero como con
los vencidos usaba de clemencia y no les hacía daño
alguno, se sumaban a sus huestes y proseguían la conquista
de otros pueblos. De esta manera conquistaron la multitud de pueblos
que habéis oído mencionar, y las gentes, viendo el
buen gobierno de este señor y su bondad, se sometían
voluntariamente a él. Cuando tuvo como súbditos a
tanta multitud de gentes capaces de cubrir la tierra entera, dijo
que quería conquistar la mayor parte del mundo. Entonces
envió emisarios al Preste Juan, y esto fue en el año
1200 del nacimiento de Cristo. Y le propuso de tomar por esposa
a su hija. Cuando el Preste Juan oyó que Gengis Khan le pedía
la mano de su hija: «¿Cómo no tiene vergüenza
Gengis Khan de pedirme a mi hija por mujer? ¿No sabe él,
por si acaso, que es mi siervo y vasallo? volved a él y decidle
que antes quemaría a mi hija que dársela por esposa.
Decidle también que le condeno a muerte por traidor y desleal
a su señor». Luego instó a los embajadores que
se fueran y no volvieran a reaparecer más en su presencia.
Partieron los emisarios a toda prisa y no pararon hasta hallarse
en presencia de su señor, contándole cuanto les había
dicho el Preste Juan, sin omitir palabra.
- LXVI -
De cómo Gengis Khan arma su
gente para ir contra el Preste Juan
Y cuando Gengis
Khan oyó las palabras violentas que Juan pronunciara contra
él, parecióle que de rabia iba a estallársele
el corazón dentro del pecho, pues os repito que era un gran
señor. Y habló enfurecido a los que le rodeaban, diciendo
que todo lo abandonaría, su dominio y señoría,
si no le hiciera pagar bien caro al Preste Juan la afrenta que le
había hecho, y que pronto le demostraría si era o
no su siervo. Y reuniendo a su gente, juntó el mayor ejército
que nunca se viera, con todos los armamentos temibles de que disponía,
e hizo saber al Preste Juan que iba en contra suya con todas sus
fuerzas y que se preparara a defenderse. Cuando el Preste Juan supo
que venía contra él con todas sus huestes, dijo con
aire socarrón que aquello no era nada, que no eran guerreros
y que no había por qué temerles; sin embargo, se preparó
con un esfuerzo supremo, no queriendo morir de muerte infame, e
hizo convocar a todas las gentes de países extranjeros. Así
reunió a un numeroso ejército. Y de este modo se preparaban
de una parte y otra. Y Gengis Khan desplegó sus fuerzas en
una gran llanura llamada Tangut, que pertenecía al Preste
Juan. Y allí sentó sus reales. Y eran sus hombres
en tan gran número que no podían contarse. Allí
supo con regocijo que el Preste Juan venía a su encuentro
y holgóse de que fuera en esta bella y ancha llanura donde
podía librar una gran batalla; ya le tardaba en luchar cuerpo
a cuerpo con él. Y dejemos a Gengis Khan y sus huestes y
volvamos al Preste Juan.
- LXVII -
De cómo el Preste Juan, con
sus gentes, fue al encuentro de Gengis Khan
Y cuentan que
cuando el Preste Juan supo que Gengis Khan venía a su encuentro
con toda su gente, caminaron tanto hasta llegar a la llanura de
Tangu t y asentaron el campamento a la vera del de Gengis Khan,
a 20 millas de distancia. Cada ejército descansó para
estar dispuesto el día de la batalla.
Y así,
prontos a la lucha, esperaban los dos ejércitos. Un día
Gengis Khan hizo venir a su presencia a sus astrónomos, el
uno cristiano y el otro sarraceno, y les hizo decir cuál
sería el vencedor en la contienda. Los astrólogos
consultaron los signos de las estrellas. El astrólogo sarraceno
no supo decirle la verdad, pero el cristiano fue más feliz
y se la enseñó abiertamente. Cogió una caña,
que partió en dos pedazos iguales, y las puso de un lado
y otro sin que nadie las tocara. La una llevaba una inscripción
con el nombre de Gengis Khan y la otra con el del Preste Juan. Y
dijo a Gengis Khan: «Señor, mirad esta caña
que lleva vuestro nombre, así como la otra del Preste Juan;
cuando hayamos hecho nuestras invocaciones de las dos, la que venza
es la que indicará el que gane la batalla». Gengis
Khan dijo que ansiaba ver el resultado, y apresuraron la experiencia
lo antes posible. Los astrólogos tomaron el salterio y leyeron
ciertos salmos e hicieron sus invocaciones. Entonces la caña
de Gengis Khan, sin que nadie la tocara, se puso encima de la del
Preste Juan. Y cuantos presenciaron el hecho esto vieron. Y vístolo,
Gengis Khan no cabía de gozo y alegría. Y como tenía
a los cristianos por hombres honrados, les colmó de honores
y les tuvo la mayor consideración como caballeros honestos
y veraces.
- LXVIII -
De la gran batalla entre el Preste
Juan y Gengis Khan
Después
de dos días, las dos partidas se armaron y batieron duramente.
Y fue la batalla más grande y encarnizada que jamás
vio el género humano. Y hubo grandes bajas de una parte y
otra, mas al fin venció GengisKhan la batalla y en ella pereció
el Preste Juan y fue desposeído, y Gengis Khan continuó
sus conquistas. Después de la victoria reinó seis
años Gengis Khan y se apoderó de castillos, ciudades
y provincias. Mas al cabo de seis años fue a un castillo
llamado Coagin y fue herido por una flecha en la rodilla, de cuyas
resultas murió. Y fue esto una gran desventura, porque era
sabio y valiente.
Os he contado
de cómo los tártaros eligieron a su primer gran señor,
de cómo vencieron al Preste Juan. Ahora os contaré
de sus usos y costumbres.
- LXIX -
Relato de los Khanes que reinaron
después de Gengis Khan
Después
de Gengis Khan reinó Cui-Khan; el tercero, Batui-Khan; el
cuarto, Ocati-Khan; el quinto, Mongukhan; el sexto, Cublai-Khan,
que es el más grande y poderoso de todos ellos, pues todos
juntos no tuvieron tan gran poder como este Cublai, y aun más
que todos los emperadores cristianos, moros y sarracenos no podrán
tener ni tendrán tanto poder como Cublai. Y os lo demostraré
en este libro.
Sabed en verdad
que todos los grandes señores que descienden de la dinastía
de Gengis Khan son sepultados a su muerte en la montaña llamada
Altai. Cuando mueren los grandes señores de los tártaros,
aunque se hallen a cien jornadas de esta montaña, convienen
en que les lleven allí. Y es gran maravilla que cuando el
cuerpo de estos señores es llevado a esta montaña
-aunque esté a cuarenta días de distancia-, todos
los hombres que encuentra el cortejo fúnebre a su paso son
pasados por las armas y atravesados por una espada por los que conducen
el cadáver, que les dicen: «Id a servir a vuestro señor
al otro mundo», pues creen firmemente que el que así
muere irá al lugar de la bienaventuranza a servir a su señor.
Y la misma suerte corren los caballos: cuando muere el gran señor,
sus mejores caballos son sacrificados para que vayan a servirle
al otro mundo. Y sabed que cuando finó Mongu-Khan, más
de 20.000 hombres murieron hallándose al paso del cuerpo
que llevaban a la sepultura.
Más
cosas os contaré de los tártaros: los tártaros
viven en invierno en llanuras fértiles y regiones templadas,
en donde hay buenos pastizales para su ganado. En verano viven en
lugares frescos de la montaña y en el valle, en donde encuentran
agua, bosques y pastos para las majadas. Tienen casas de madera,
que recubren de fieltro, de forma cilíndrica, y que transportan
con ellos adonde van. Atan las vigas con tanto orden, que son fácilmente
transportables. Y cuando arman y tienden sus casas colocan la puerta
hacia el Mediodía. Tienen carretas cubiertas de fieltro oscuro,
así que cuando llueve no se estropea nada en su interior.
Estos carros son uncidos por bueyes o tirados por camellos, sobre
ellos llevan a sus mujeres e hijos. La mujer es en el hogar la que
compra, vende o fabrica todo lo necesario al amo de la casa y a
la familia, pues los hombres no se ocupan más que de caza,
guerra y cetrería.
Viven de carne,
leche y caza. Comen ratas de faraón, de las que abundan en
las llanuras y por doquier. Comen indistintamente carne de caballo
y de perro, es decir, toda clase de carne, y beben de la leche de
yegua. Se guardan muy bien de tocar a la mujer del prójimo,
pues esto lo tienen por gran villanía. Las damas son buenas
y leales con sus barones y son sumamente habilidosas en los quehaceres
de la casa. Los matrimonios se hacen del siguiente modo: cada hombre
tiene derecho a tener hasta cien mujeres si le place y tiene con
qué mantenerlas. Los maridos pagan la dote a la suegra y
la mujer no da nada al marido. Pero tienen a la primer mujer por
la mejor y la más venerable. Tienen más hijos que
los demás hombres por el número de mujeres que poseen.
Toman por esposas a sus primas y a sus madrastras. Se casan también
con sus cuñadas, siempre que haya muerto el hermano, y cuando
se casan, celebran las bodas con mucho boato.
- LXX -
Del dios de los tártaros y
de su ley
Y ésta
es la ley: creen en un solo dios, que llaman Nacygai; le dicen el
rey terrestre que cuida de sus hijos, su trigo y su ganado. Sienten
por él el más profundo respeto y cada cual tiene uno
de estos dioses en sus casas. Lo representan en general moldeado
con fieltros y trapos, y también a su mujer e hijos. Le sientan
a la mujer a la izquierda y los hijos delante. Cuando comen, como
acto de veneración, le untan la boca al dios con carne gorda,
y a su mujer e hijos, y siembran pan ante la puerta de su casa.
Hecho esto, dicen que el dios y su familia han tenido su parte.
Luego se ponen ellos mismos a comer y a hacer sus libaciones. Beben
leche de yegua, pero la preparan de tal suerte que parece vino blanco
y que es riquísimo. A éste le llaman chemis.
Sus avíos
son los siguientes: los ricos visten con paño de oro y brocatel
de seda y grodetures, sombreros de cebelinas, armiño y zorro;
todo su indumento es magnífico y de gran precio.
Sus armas son
el arco, la espada y la maza. Pero se sirven más del arco
que de otra arma, porque son excelentes arqueros. En la espalda
llevan una armadura de cuero de búfalo u otras pieles muy
bien curtidas.
Son magníficos
hombres de armas y valientes guerreros, y pueden resistir más
que otros mortales. Muchas veces, cuando están en campaña,
resisten hasta un mes sin comer, y se sustentan tan sólo
con leche de yegua y algo de carne de perdiz. Su caballo pastará
lo que halle, pues no está acostumbrado ni a la cebada ni
la paja. Son muy disciplinados y obedientes a su señor, y
cuando están en campaña pasan la noche a caballo,
armados de pies a cabeza; el caballo pace las hierbas que encuentra
al paso. Son aguerridos, curtidos, incansables en la faena y la
gente mejor preparada para conquistar reinos e imperios.
Se dividen
jerárquicamente en la siguiente forma: cuando un señor
de los tártaros va a la guerra lleva 100.000 jinetes y los
distribuyen en el siguiente orden: cada 10 hombres tienen un jefe,
un grupo de un centenar tiene otro jefe, otro manda a 1.000 hombres
y otro a 10.000, de suerte que el general no necesita reunir en
consejo más que a 10 hombres. El que tiene a su cargo a 10.000
no tiene que hacerlo más que con 10 y el de cien con otros
tantos, y así cada uno, respectivamente, obedece a su jefe
inmediato. Cuando el señor de 100.000 hombres quiere mandar
sólo a un ala de su ejército, manda venir al jefe
de los 10.000 hombres, que le entrega 1.000, y el jefe de los 10.000
manda al jefe de 1.000 que le proporcione 10 hombres, y el jefe
de 100 manda al de 10, y cada uno lleva contingente a la parte de
1.000 hombres y saben cuánto le pueden dar y obedecen ciegamente
al mandato más que a nadie en el mundo. Al conjunto de 100.000
hombres le llaman «Tut» y a los 10.000 un «Toman»,
y los «Tomanes» se pueden contar por millares, por centenas
y por docenas. Y cuando el ejército va a una acción,
sea en la montaña o en el llano, manda 200 hombres de vigía,
llamados «excaregaites», así detrás como
delante. Y esto lo hacen para evitar una sorpresa. Cuando van muy
lejos a guerrear no llevan armamento: llevan dos botellas de cuero,
en donde ponen la leche para beber, y una pequeña cacerola
para los víveres, y la tienda de campaña para guarecerse
en tiempo de lluvia. Os diré que cuando es menester cabalgan
hasta diez días sin víveres y sin encender fogatas;
viven de la sangre de sus caballos, a los cuales les pinchan una
vena y chupan esa sangre sin desmontar de ellos. También
llevan la leche congelada como una especie de pasta seca, de modo
que al mojarla se derrite en el agua y les sirve de bebida sustanciosa.
Cuando se baten
con sus enemigos los vencen de la siguiente manera: simulan la huida
y de pronto se vuelven y asaltan al enemigo. Tienen amaestrados
a sus caballos de modo que se vuelven al enemigo como si fueran
perros. Así que cuando el enemigo los cree vencidos y en
huida es él el que está perdido. Y cuando los tártaros
ven que han conseguido matar algunos hombres y caballos, presos
de nuevo ardor, combaten tan valientemente que vencen al enemigo.
Todo lo que
os he contado se refiere a las usanzas y costumbres de los tártaros
antiguos; pero al presente se han envilecido. Las costumbres de
Catai son las de los idólatras; las que se practican hacia
Levante son, en cambio, a la manera sarracena. Administran
la justicia del siguiente modo: cuando algún hombre roba
algún objeto insignificante, pero que con ello perjudica
a otro, se le dan siete bastonazos, o 37, o 47, hasta 107, según
valga la cosa robada, y a algunos les suele costar la vida. Si roban
un caballo les condenan a ser cortados por medio de una espada.
Si el ladrón tiene con qué pagar, paga nueve veces
el valor del objeto robado, y entonces es dejado en libertad.
Cada señor
y los propietarios de cierta cantidad de ganado lo hacen marcar
con un sello o una cifra: así hacen con los caballos, las
yeguas, los camellos, las vacas, los toros y otros animales. Luego
los sueltan para que pasten, sin el cuidado de ningún pastor;
si por casualidad se mezclan los rebaños, cada uno devuelve
la pieza, según la marca que lleva, al propietario. Los corderos,
carneros y cabras están al cuidado de un pastor. Todo este
ganado es grande y gordo y presenta hermosos ejemplares.
Os diré
otra curiosa usanza que tienen, y que se me olvidó contaros:
cuando entre dos vecinos hay uno que ha perdido un hijo de cuatro
años o más y al otro se le ha muerto una hija, los
casan juntos. Dan la muchacha muerta al hijo difunto por esposa
y hacen levantar acta de ello. Luego queman el documento, y el humo
que se levanta en los aires dicen que va hacia el hijo, al otro
mundo, a atestiguar que se tengan por marido y mujer. Luego celebran
un gran festín y desparraman las viandas por aquí
y por acullá, diciendo que de ello participan sus hijos en
el cielo. También hacen pintar en un papel el retrato del
hijo y caballos y gualdrapas y monedas, que queman igualmente, y
dicen que todas estas cosas que hicieron quemar serán propiedad
de sus hijos en el otro mundo. Y hecho esto, se consideran parientes
y se tratan con cariño, como si sus hijos vivieran en realidad.
Os he
contado extensamente las costumbres de los tártaros; pero
aún queda que contaros las gestas del Gran Khan, que es el
gran señor de todos los tártaros de su poderosa corte
imperial; pero os lo contaré en este libro en su tiempo y
lugar, pues son narraciones interesantes de contar.
Y volvamos
a la gran llanura en donde nos hallábamos cuando empecé
a contaros las costumbres de los tártaros.
- LXXI -
De la llanura de Bargu y de varias
costumbres de los indígenas
Alejándonos
de Caracoren y de Altai, en donde ponen los cuerpos de los tártaros,
nos dirigimos a una región llamada Bargu, que tiene de extensión
cuarenta jornadas.
Los habitantes
se llaman Mecrit y son salvajes. Viven del pastoreo y de la caza.
Cabalgan ciervos. Las costumbres son las de los tártaros.
Son vasallos del Gran Khan. Desconocen el trigo y el vino. En verano
se nutren de venado y pájaros, pero en invierno carecen de
todo, por el frío intenso. Y cuando se cabalgan cuarenta
jornadas se llega al Océano. Allí, en las montañas,
anidan los halcones marinos, pues no hay ni mujeres ni hombres ni
bestias ni pájaros, a excepción del llamado «Bargherlac»,
que es alimento de los halcones. Es del tamaño de la perdiz;
sus patas, como las de los loros; la cola, como la de la golondrina,
y vuelan muy bien, y cuando el Gran Khan desea tener halcones peregrinos
los reclama a esa comarca, pues nacen en una isla que hay en el
mar, así como
los gerifaltes. Esta comarca está situada tan a Septentrión,
que la estrella del Norte queda un poco atrás hacia el Mediodía.
Los gerifaltes nacen en esta ciudad en tanta abundancia, que el
Gran Khan tiene cuantos quiere. Así, que los cristianos que
los traen de sus tierras no los llevan al Gran Khan, sino a Argón,
señor de Levante.
Ya os hemos
referido todo lo concerniente a la provincia de Septentrión
hasta el Océano. Volveremos atrás hasta el Gran Khan,
en una provincia llamada Campiciú.
- LXXII -
Del gran reino de Erginul
Cuando se deja
Campiciú, del cual os he hablado ya, se marcha cinco jornadas
por un camino donde se oyen hablar ciertos espíritus malignos,
y al cabo, hacia Levante, se encuentra el gran reino llamado Erginul.
Pertenece al Gran Khan; forma parte de la provincia de Tangut, que
está dividida en varios reinos. Los habitantes son cristianos
nestorianos, idólatras y mahometanos. Son muchas las ciudades
que hay en ella, y la capital es Erginul. De esta ciudad se va al
país de Catai.
Yendo al Catai
se encuentra al paso una ciudad llamada Cilingiu. La provincia también
se denomina así. Aquí también hay numerosas
villas y fortalezas. También forman parte de Tangut y pertenecen
al Gran Khan.
Hay otros salvajes,
con astas enormes y magníficos pelos largos, salvo en la
espalda, y pintados de blanco y negro. Tienen el pelamen de tres
palmos de largo. Los naturales han domesticado varios de estos toros;
los cogen salvajes y se reproducen de tal modo que tienen gran cantidad
de ellos. Con ellos cazan y trabajan, y como tienen mucha fuerza
rinden el doble trabajo que los demás animales.
En esta región
se produce el almizcle mejor y más fino. Sabed que el almizcle
se recoge así: hay un animalito del tamaño de una
gacela, que tiene el pelo muy áspero, las patas de gacela,
sin cuernos, con cola de gacela, cuatro dientes, dos abajo y otros
dos en la mandíbula superior, de tres dedos de largo y muy
puntiagudos. Van siempre por parejas. Es un hermoso animal. Cuando
se le apresa, el animal tiene escondido en el medio del vientre,
en una bolsita entre el cuero y la carne, el humor, que se corta
con el pellejo y se aparta, y este humor es el almizcle, del que
mana una fragancia muy persistente. En esta región lo hay
en cantidad.
Los naturales
viven de la industria y del comercio, y tienen trigo en abundancia.
Es una provincia grande de veinticinco jornadas. Hay faisanes dos
veces mayores que los nuestros, del tamaño de un pavo real.
Tienen la cola de lo palmos de larga y comúnmente de nueve,
ocho y siete, por lo menos. Los hay también más pequeños
y como el faisán de nuestra tierra. Hay inmensa variedad
de pájaros de los más bellos matices y colores.
Los naturales
son idólatras. Son gruesos, tienen la nariz roma y el pelo
negrísimo. Son barbilampiños, excepto algún
que otro pelo en la barbilla. Las mujeres no tienen ningún
bello; sólo tienen pelos en la cabeza. Son blancas, de hermosa
piel y de miembros proporcionados. Son muy inclinados a la lujuria
y tienen cantidad de mujeres, y ni sus leyes ni costumbres son contrarias
a eso.
Pueden tomar cuantas mujeres quieran y cuantas puedan mantener.
Si hay una mujer hermosa y de humilde condición, la toman
por su hermosura los más conspicuos varones y hombres notables
de gran prestigio; por ello dan dinero a la madre según lo
estipulen.
Proseguiremos
nuestro viaje y hablaremos de otra provincia hacia Levante.
- LXXIII -
De la provincia de Grigaia
Dejando a Arginul
y yendo hacia Levante durante ocho jornadas, se encuentra una provincia
donde hay numerosas villas y castillos, y es la de Tangut. La ciudad
principal se llama Calaciai. Los naturales son idólatras
y hay tres iglesias de cristianos nestorianos. Son feudatarios del
Gran Tártaro. Hacen camelotes de piel de camello, blancos,
buenos y de la mejor calidad. De allí los llevan a los mercaderes
de todos los países, a Cati y a todas partes.
De esta provincia
iremos a otra hacia Levante, que llaman Tenduc, entrando en las
tierras del Preste Juan.
- LXXIV -
De la provincia de Tenduc
Tenduc es una
provincia de Levante rica en castillos y ciudades. Pertenece el
Gran Khan, pues los descendientes del Preste Juan son sus vasallos.
Su capital es Tenduc. El rey de esta provincia desciende del Preste
Juan y él mismo se da este nombre. Es cristiano; su nombre
es Georgie. Gobierno en nombre del Gran Khan, pero no sobre el dominio
del Preste Juan: tan sólo en una parte de él, pues
el Gran Khan dio por esposas a sus hijas y parientas a los reyes
que descienden del Preste Juan.
En esta provincia
se encuentran las piedras de las que se saca el cobalto, y las hay
de excelente calidad. Tejen camelotes muy finos de piel de camello.
Viven del pastoreo y de la agricultura. También parte de
entre ellos se dedican al comercio y a la industria.
El señor
es cristiano, como os he dicho ya; pero en la población hay
idólatras en gran número y hombres que adoran a Mahoma.
Hay una clase de gente llamada Argón, que quiere decir en
español «guasmul», es decir, mestizos de dos
tribus: la de Tenduc, idólatra, y la mahometana. Son muy
hermosos, mucho más que los demás del país;
más finos, más cultos y hábiles comerciantes.
Sabed que en esta provincia vivía el sabio maestro del Preste
Juan cuando éste reinaba sobre los tártaros y todas
las provincias y reinos circunvecinos. Y aún moran ahí
sus descendientes, y el Georgie que os nombré es de la estirpe
del Preste Juan y heredó de la señoría del
mismo. Es el lugar que en nuestro país llamamos Gogo y Magogo,
pero ellos lo llaman Ung y Mungul. Y en cada una de estas provincias
hay una familia de esta gente: en Ung los gogos, y en el Mungul
los tártaros.
Y cabalgando
por esta provincia siete jornadas hacia Levante, hacia Catai, nos
encontramos con varias ciudades y castillos, en donde adoran a Mahoma
y a los ídolos; pero aún existen algunos cristianos
nestorianos. Viven
del comercio y la industria. Fabrican el brocado de oro, que llaman
nascisi, fin y nac, y paños de seda de varias suertes; también
tejen el brocatel de seda y oro y bayetas de lana de muchas clases.
Son vasallos
del Gran Khan. Hay una ciudad llamada Sindaciu; en ésta se
hacen trabajos de toda especie de talabartería y los arreos
necesarios del ejército. En una montaña de esta provincia
hay un lugar llamado Ydifu, en el cual hay filones argentíferos,
de los cuales se saca muchísima plata. También tienen
caza en abundancia.
Abandonaremos
esta provincia y ciudad para irnos a tres jornadas y llegar a una
ciudad llamada Ciagannor, en la cual hay un gran palacio, que pertenece
al Gran Khan, y es la residencia de predilección del gran
señor, porque hay lagos y ríos llenos de cisnes. En
el llano hay grullas, faisanes y perdices y toda clase de pájaros.
Y por eso el Gran Khan la habita de preferencia; ahí se complace
en cetrear con el gerifalte y el halcón, y es uno de sus
entretenimientos favoritos. Hay cinco clases de grullas: una negra,
como los cuervos, y de gran tamaño; la otra, toda blanca,
las alas preciosas, con plumaje lleno de ojos redondos como la cola
del pavo real, pero de color dorado; la cabeza es negra y roja,
el cuello negro y blanco y larguísimo. La tercera especie
es semejante a la nuestra; la cuarta, pequeña, con un penacho
rojo y el cuerpo negro. La quinta es gris, con la cabeza bermeja
y negra, el cuerpo grande y bien plantado. En
esta ciudad hay un valle, en donde el Gran Khan ha hecho construir
varios pabellones para criar pájaros, que llamamos perdices
reales. Las hacen guardar, y hay en cantidad fabulosa, y cuando
viene a cazar tiene todas las que quiere a su albedrío.
Y nos iremos
hacia tramontana y Nordeste hacia donde sopla el viento griego.
- LXXV -
De la ciudad de Ciandu y del maravilloso
palacio del Gran Khan
Y cuando nos
alejamos de la ciudad arriba mentada por espacio de tres jornadas,
llegamos a otra llamada Ciandu, que ha fundado el Gran Khan. Este
Khan se llama Cublai-Khan.
En esta ciudad
elevó un palacio de mármol y piedras, cuyas alas y
estancias están enteramente doradas.
Es maravillosamente
bello y bien decorado. Desde este alcázar parte una muralla
que tiene cerca de 16 millas de circunvalación, en cuyo recinto
hay fuentes, ríos y valles. El Gran Khan ha reunido en él
toda suerte de animales: ciervos, corzos y gamos, que dan en pasto
a los gerifaltes y halcones, que aquí tiene en número
de 200. Él mismo va a verlos una vez por semana y va galopando
por esta pradera, que corre a lo largo del muro, y muy a menudo
trae consigo un leopardo en la grupa de su caballo. Así se
divierte en ver cómo los ciervos son devorados por los gerifaltes.
Sabed que en
esta pradera cercada de muros ha hecho construir un palacio de vigas,
pero dorado en su interior y decorado con toda especie de aves y
pájaros, hábilmente recortados sobre el oro. La armazón
es de cañas y tablones barnizados, tan bien unidos que el
agua no puede echarlos a perder. Estos tablones son de más
de tres palmos de espesor por 10 a 15 de longitud. A veces su longitud
cubre toda la casa de un lado a otro; el palacio está enteramente
compuesto de estas cañas doradas y vigas y dispuesto en tal
forma que el Gran Khan puede hacerlo desarmar cuando quiere, y está
ligado por 200 gruesos cordones de seda.
En él
habita el Gran Khan tres meses del año: junio, julio y agosto.
Porque no hace calor y porque goza con la estancia en él.
En estos tres meses se arma el pabellón de caña, que
luego se desarma en los demás meses del año. Así
lo hizo construir, para armarle y desarmarle. El Gran Khan abandona
el día 28 del mes de agosto de cada año la ciudad
y el palacio. Y os diré el por qué más adelante.
Tiene una cuadra
de caballos y yeguas blancas como la nieve (jamás de otro
color), en número de 10.000; no puede beber de la leche de
estas yeguas más que el Gran Khan y sus allegados que sean
de la familia del emperador y su estirpe. Y sólo otra categoría
de gente tiene este privilegio, y son los llamados «Horiat»,
por especial favor acordado después de una gran victoria
ganada antaño por ellos con Gengis Khan.
Y os digo que
honran tanto a estas yeguas blancas, que si un gran señor
las encuentra a su paso cuando las llevan a pastar, nunca pasaría
por en medio de ellas, sino cederá el paso. Y los astrólogos
y los ídolos han sugerido al Gran Khan que cada año
el 28 de agosto hay que regar la tierra y desparramar en el aire
esa leche para que la beban los espíritus. Y los ídolos
dijeron que así los espíritus protegerían a
sus mujeres, sus ganados, su trigo y sus casas y hacienda.
De ahí
se traslada el Gran Khan a otra residencia.
Pero os contaré
un milagro, que he tardado en referiros: sabed que estando el Gran
Khan en su palacio hubo una gran nevada y muy mal tiempo. Tenía
un sabio astrólogo y un brujo, que por su sabiduría
y sus sortilegios hacían despejar las nubes sobre su palacio,
de modo que allí nunca hacía mal tiempo, aunque todo
alrededor reinara la tormenta. Estos sabios se llamaban Tebet y
Quesmur y eran de familia idólatra. Eran maestros en artes
diabólicas y en hechizos, pero hacían creer que el
poder de encantamiento era debido a su santidad y al caso que los
dioses hacían de ellos. Estos hombres tienen por costumbre,
cuando hay un condenado a muerte, de hacerle cocer y comerle luego;
pero si hubiere muerto de muerte natural, entonces no lo comen.
Y estos bacsis logran con sus sortilegios hacer el milagro siguiente:
cuando el Gran Khan está sentado en la inmensa sala en su
estrado alto y ponen las copas llenas de vino y de leche y otras
bebidas en el suelo, en medio de la sala, a 10 pasos de la mesa,
estos bacsis hacen, por sus artificios y encantamientos, que esas
copas llenas se levanten del suelo y se posen ellas solas ante el
Gran Khan, sin que nadie las toque. De este hecho pueden atestiguar
más de 10.000 hombres que lo presenciaron. Y los hombres
sabios que entienden de nigromancia os dirán que esto puede
hacerse.
También
os digo que cuando vuelven estos bacsis de las fiestas de sus ídolos,
le dicen al Gran Khan: «Señor, el tal ídolo
desea se celebre la tal fiesta en su honor». Y nombran al
ídolo que desean honrar, y añaden: «Sabed, gran
señor, que este ídolo tiene por costumbre traer el
mal tiempo y las calamidades que destruyen a nuestro ganado, y el
granizo y el pedrisco, y si no se le ofrecen holocaustos nos mira
airado; por eso os pedimos nos deis tantos carneros de cabeza negra,
tanto incienso, tanta madera de zábila y tanto de esto y
tanto de lo otro para que podamos inmolar y sacrificar con gran
pompa a nuestro ídolo para que nos proteja». Y los
bacsis se lo dicen a los barones que rodean al Gran Khan y a sus
mayordomos y consiguen cuanto piden para honrar la fiesta de sus
ídolos. Entonces hay gran jubileo, con cantos y letanías.
Inciensan y perfuman de especies el ambiente, hacen cocer la carne
y la presentan a los ídolos, derramando el jugo aquí
y allá, para que así se alimenten. Y así es
como los honran en sus ceremonias. De modo que cada ídolo
tiene su fiesta en un día determinado, como nuestros santos,
pues tienen grandes templos, abadías y monasterios, que forman
pequeñas ciudades, en las que hay más de 2.000 monjes
que viven más honestamente que los demás ciudadanos.
Estos monjes
llevan afeitada la cabeza y la barba. Celebran una ceremonia con
cantos y luces, con la pompa que jamás podréis figuraros.
Entre ellos hay algunos que pueden casarse; por lo general lo hacen
y tienen muchos hijos.
Hay otra suerte
de religiosos, llamados «sensin», que guardan rigurosa
abstinencia y llevan una vida ejemplar. No comen en toda la vida
más que sémola, que es el afrecho o restos que quedan
en la cáscara del trigo. Esto lo meten en remojo en agua
caliente algún tiempo y luego comen esa papilla. Ayunan varias
veces al año y no toman otra cosa que esa sémola.
Tienen grandes y numerosos ídolos y a veces adoran al fuego.
Los seglares dicen que los que viven en tan grande abstinencia y
de vida tan estrecha son como los «ratarinos», porque
adoran los ídolos de manera diferente a la suya y dicen que
son locos, porque afligen así a sus cuerpos. Tienen un gran
respeto por ellos. Éstos no tomarían mujer por nada
en el mundo. Y se tonsuran la cabeza y la barba. Llevan vestidos
negros y blusas de estameña, y si fueran de seda las llevarían
del mismo color. Duermen sobre tablas de madera y llevan una vida
austera.
Sus iglesias
e ídolos son todos femeninos; es decir, que llevan nombres
de mujeres.
Y dejemos este
argumento para contaros los grandes hechos y maravillas del gran
señor de todos los tártaros el Gran Khan llamado Cublai.
- LXXVI -
Donde trata de los hechos del Gran
Khan que reina presentemente, llamado Cublai Khan, de cómo
rige a su corte y administra justicia; de sus gestas y proezas
Os quiero relatar
en nuestro libro todas las grandes proezas y maravillas del Gran
Khan que reina en la actualidad, llamado Cublai, que en nuestro
idioma quiere decir el señor de los señores. Y lleva
ese título justificadamente, pues es sabido de todos que
es el hombre más poderoso en tierras, huestes y tesoros que
jamás haya existido desde Adán, nuestro primer padre,
hasta nuestros días.
Os demostraré
en mi libro lo que es un hecho.
- LXXVII -
De la gran batalla librada entre el
Gran Khan y el rey Nayan, su tío
Sabed, en verdad,
que desciende en línea recta del emperador Gengis Khan, y
que por su descendencia debe ser el señor de todos los tártaros.
Heredó la señoría el año 1256 del nacimiento
de Cristo y empezó a reinar ese año. Mereció
el mando por su valor, sus proezas y su inmensa sabiduría,
pues sus parientes se lo quisieron arrebatar, aunque la señoría
le venía de derecho. Reinó desde esa fecha cuarenta
y dos años, hasta el año 1298. Debe de tener ochenta
y cinco años. Antes de heredar el reino tomó parte
en varios hechos de armas y fue bizarro capitán, y desde
que reina no ha hecho más que una campaña, en el año
1286, y os diré por qué.
Un hombre que
llamaban Nayan y era tío de Cublai Khan, se vio, muy joven
aún, dueño y señor de varias tierras y provincias,
de suerte que podía armar hasta 400.000 hombres. Sus antepasados
habían sido antaño vasallos del Gran Khan, y él
mismo lo era. Pero, como os cuento, era un joven de treinta años.
Viéndose tan gran señor, no quiso más someterse
al Gran Khan, y pensó en quitarle el poder. Entonces Nayan
envió emisarios a Caidu, que era otro grande y poderoso señor
y sobrino del Gran Khan, de natural rebelde, que también
le odiaba. Le mandó ponerse de su lado y que fuera por otra
parte a arrancarle su tierra y señorío al Gran Khan.
Y Caidu le respondió que estaba de acuerdo y pronto con sus
gentes en la fecha que le había indicado para ir contra el
Gran Khan. Y éste tenía el poder de armar a 100.000
hombres. Y tanto Nayan como Caidu se preparaban y reunían
cantidad de caballeros e infantes para ir en contra del Gran Khan.
- LXXVIII -
De cómo el Gran Khan fue al
encuentro de Nayan
No se inmutó
el Gran Khan al oír tamaña felonía, y como
hombre prudente y de gran valor se preparó con sus gentes
y juró que no quería llevar su corona ni reinar en
sus tierras mientras no diera muerte a los dos traidores. Y el Gran
Khan hizo sus preparativos en veintidós días, tan
secretamente, que tan sólo su Consejo estaba enterado de
ello. Reunió a 350.000 hombres y caballos y a 100.000 infantes;
y aún tuvo tan pocos, porque éstos guardaban al huésped
que tenía en su casa, y sus otros ejércitos, que eran
numerosos, estaban lejos, conquistando tierras y, por consiguiente,
no había tiempo para reunirlos, pues si hubiera podido reunir
a todas sus fuerzas, hubiese tenido cuantos soldados quería
y se habría juntado una tal multitud, imposible de contar.
Y entre estos 350.000 hombres estaban sus halconeros y otros que
le rodeaban en su corte. Cuando reunió a su gente hizo venir
a los astrólogos para ver si vencería al enemigo y
si estaba destinado a aniquilarlos, y le pronosticaron que haría
cuanto se propusiera. Entonces el Gran Khan se puso en camino con
sus huestes y anduvieron veinte días, hasta llegar a una
llanura, donde se hallaba Nayan con toda su tropa, que consistía
en 400.000 hombres. Llegaron de madrugada, y tan secretamente, que
el enemigo ignoró su llegada, porque el Gran Khan había
hecho ocupar sus caminos de modo que nadie pudiera ir y venir sin
caer prisionero. Y fue por lo que los enemigos no sospecharon siquiera
su llegada. Se hallaban muy cerca del campo cuando Nayan, despreocupado
en su tienda de campana, holgábase con su mujer y regocijábase
en su belleza, pues sentía por ella gran pasión.
- LXXIX -
En donde empieza la batalla del Gran
Khan y de su tío Nayan
Cuando llegó
el alba del día señalado para librar la batalla, apareció
el Gran Khan en una plataforma, en la misma llanura donde Nayan
había acampado (ajeno a lo que le esperaba, creyéndose
muy a salvo de toda sorpresa). No habían tenido siquiera
la precaución de poner centinelas ni vigías ni delante
ni atrás. El Gran Khan surgía de una plataforma, como
os dije, en un pabellón sujeto a cuatro elefantes. Su señera
flotaba tan en lo alto, que podía verse desde todas partes.
Sus hombres alineados y escalonados en orden de batalla a 30 millas
a la redonda, envolvían el campamento de Nayan por todos
coltados. Cada hombre, a caballo con su peón, lanza en ristre.
Todos en plan de batalla, cercando al enemigo para combatirle. Cuando
Nayan y sus hombres se vieron acosados por el Gran Khan, ciñendo
el campamento, quedaron atónitos. Corrieron a las armas.
Se armaron hasta los dientes y pronto se alistaron en plan de batalla.
Una vez que
las dos partes contrarias se hallaron frente a frente, se procedió
al ataque; entonces oyóse sonar los clarines, tañer
instrumentos de toda clase y cantar en alta voz. Porque las costumbres
de los tártaros predican que cuando están listos en
orden de batalla, no entran en él hasta que los capitanes
no suenan las nácaras; luego tocan sus atabales, hacen música
de chirimías, de arpas y de laúdes, cantan cantos
guerreros. Por eso los cantos y sonidos se hacían oír
de una parte y de otra. De pronto empezaron a tocar las nácaras
del Gran Khan. Y cuando éstas sonaron se entabló la
lucha, con arcos, espadas, mazas y juego de lanzas, y los hombres
de a pie tenían ballestas, ristres y otras armas, en cantidad.
Comenzaron la lucha, cruel y sangrienta; llovían flechas
por doquier. Los gritos y ayes lastimeros hendían el aire.
Los caballeros y sus cabalgaduras caían muertos a granel.
Y los gritos y alaridos eran tan grandes, que no se hubiera oído
al dios tonante. Y como Nayan era cristiano bautizado, su señera
llevaba bordada la cruz de Cristo.
Y para no prolongar
el relato: Sabed sólo que esta batalla fue la más
grande y encarnizada que jamás libraron los tiempos antiguos.
Y jamás viose tal multitud de jinetes y soldados. Tantos
murieron, que da horror el recordarlo. La refriega duró desde
la madrugada al mediodía. Y el Gran Khan salió vencedor.
Cuando Nayan y sus soldados vieron que no podían resistir,
huyeron a cual mejor; mas nada les sirvió, pues le aprisionaron
con sus barones y sus soldados y todos sus armamentos, y tuvieron
que rendirse al Gran Khan.
- LXXX -
De cómo el Gran Khan hizo matar
a Nayan
Cuando el Gran
Khan supo que Nayan había caído prisionero, mandó
que le dieran muerte. Le condenaron a morir de la manera siguiente:
envolviéronle en un capote, y tanto le mantearon hasta darle
la muerte. Y así lo hicieron, porque no querían que
la sangre del emperador se derramara en tierra, ni que el sol y
el aire lo vieran, pues sabed que Nayan era de la estirpe del gran
Señor.
Cuando el Gran
Khan venció la batalla, como os lo he referido, todos los
hombres de Nayan le rindieron pleito homenaje y le juraron fidelidad.
Pertenecían a cuatro provincias: primera, la Ciorcia; segunda,
Cauli; tercera, Barscol; cuarta, Sichintingin.
Y después
que el Gran Khan hubo vencido en la batalla, hubo judíos,
sarracenos e idólatras que no creían en Dios, que
se burlaban de la cruz que Nayan traía bordada en su pendón.
Y decían a los cristianos: «¡Mirad cómo
la cruz de vuestro Dios ayudó a Nayan, que era cristiano!».
Y tanto se mofaron y hacían burla de ello, que llegó
hasta oídos del Gran Khan, y el Gran Khan riñó
severamente a los que se permitieron esas chanzas en su presencia.
E hizo venir a un grupo de cristianos que se hallaban en el sitio
y les consoló diciendo: «Con razón la cruz de
vuestro Dios no ayudó a Nayan, porque, en su sabiduría,
sabía que no era menester ayudarle contra el derecho. Nayan
fue desleal y traidor y se volvió contra su señor;
tuvo, pues, la suerte que se merecía». Éstas
fueron las palabras del Gran Khan a los cristianos con respecto
a la cruz que Nayan llevaba en su estandarte.
- LXXXI -
De cómo el Gran Khan vuelve
a la ciudad de Cambaluc
Después
de su victoria sobre Nayan volvióse el Gran Khan a su capital
de Cambaluc, y allí demoró contento, en medio de grandes
festejos. Otro barón, llamado Caidu, que era también
rey, al oír la derrota de Nayan y su muerte, montó
en gran cólera; mas se guardó de preparar la guerra,
pues temía correr la misma suerte que Nayan.
Ya os dije
que ésta fue la única vez que él Gran Khan
fue a la guerra, pues para las demás empresas guerreras enviaba
a sus hijos y a sus barones; pero en aquella ocasión quiso
ir en persona, porque la audacia de aquel príncipe le pareció
grave en demasía. Dejemos ya esta aventura y volvamos a los
hechos notables del Gran Khan.
Os contamos
ya sus orígenes y su edad. Diremos ahora lo que hace con
los barones que se distinguen en las batallas y con los que son
felones y malvados. Al que se porta bien y manda 100 hombres le
da el mando de los 1.000 y le regala además vajilla de plata
y una tabla de mando, que equivale a una ejecutoria de nobleza.
Porque el comandante
de 100 hombres tiene una tableta de plata, el que tiene mando de
1.000 una de plata dorada, y el que manda 10.000, una tableta de
oro con cabeza de león. Y os diré el peso de estas
tablas. Los del mando de 100 y de 1.000 tienen tablas que pesan
120 «sazos», y los de cabeza de león pesan 220
«sazos», y en todas estas tablas hay inscripciones con
una sentencia que dice: «Por la fuerza y por la gracia que
Dios ha dado a nuestro emperador, el nombre de Khan sea bendecido
y loado, y los que le desobedezcan morirán o verán
su perdición. Y los que posean estas tablas tienen privilegios
y un reglamento de todo lo que deben hacer por su cargo y dignidad».
Ahora
os instruiremos de otras cosas. El que tiene el mando de 100.000
hombres o que manda a un gran ejército tiene una tabla que
pesa 300 «sazos» y lleva inscrita la sentencia de que
os he hablado más ariba. Al pie de la tabla hay un león
labrado, y en el tablero están representados el Sol y la
Luna. Y los que tienen este privilegio son grandes jefes, con mando
muy extenso, y los que poseen esa tabla deben tocar su cabeza con
un sombrero de paja. Cuando se sientan deben hacerlo siempre en
silla de plata, y el gran señor da a éstos una mesa
de gerifaltes, y los que a ésta se sientan tienen plenos
poderes, son grandes varones y pueden representarle como a su propia
persona. Cuando envía a un embajador, puede proveerse de
los caballos del rey, y os digo rey, porque puede tomarlos, desde
el rey para abajo, a cualquier otro hombre.
Dejemos este
negocio y veremos la continencia del Gran Khan y su majestad y prestancia.
- LXXXII -
De la prestancia y majestad del Gran
Khan
El señor
de los señores, llamado Cublai Khan, es de buena estatura,
ni grande ni pequeño, sino mediano. Es proporcionado, de
miembros ágiles; la cara, blanca y bermeja como una rosa;
los ojos, negros; la nariz, recta y bien delineada.
Tiene
cuatro mujeres legítimas, y el mayor de los hijos de estas
mujeres tiene derecho a ser dueño del Imperio cuando deje
de existir el Gran Khan. Las mujeres llevan el título de
emperatriz, y cada uno le añade su nombre propio para distinguirlas.
Estas damas tienen su corte aparte, con 300 doncellas, hermosas
y bien parecidas, a su servicio. Luego criados, escuderos y otros
hombres y mujeres, de modo que cada séquito alcanza a 10.000
personas. Cada vez que el señor quiere acostarse con una
de sus mujeres la hace venir a su alcoba, y a veces va también
al cuarto de ellas.
Tiene, además,
muchas amigas, y os diré en qué forma. Hay una raza
de tártaras que son muy hermosas; cada año eligen
cien doncellas de las más agraciadas que hay en el reino,
y son traídas al Gran Khan. Las hace guardar por las mujeres
de sus barones, manda que con ellas se acuesten para saber si tienen
buen aliento, si son vírgenes y sanas en todos sus miembros.
Y las más hermosas, buenas y sanas las dedican al servicio
del señor. Cada tres días y tres noches, seis de estas
doncellas sirven al señor en su aposento, en su lecho y en
todo cuanto necesitare. El Gran Khan hace de ellas lo que quiere,
y ellas lo tienen en gran honor. Al cabo de tres días y tres
noches estas damiselas se dan el cambio y son remplazadas por otras
seis.
- LXXXIII -
De los hijos del Gran Khan
El Gran Khan
tiene 22 hijos varones de sus mujeres. El mayorazgo tenía
por nombre Gengis, en recuerdo del buen Gengis Khan, y debía
ser el futuro Gran Khan y señor de todo el Imperio; pero
murió y recayó en un hijo suyo llamado Temur, y éste
es el que está designado para heredar el Imperio y ser Gran
Khan y señor. Y es por derecho, porque este Temur es hijo
del hijo mayor del Gran Khan. Este príncipe es sabio, valiente
y esforzado, y ya lo ha demostrado en varias batallas y acciones
de guerra. El Gran Khan tiene otros 25 hijos más de sus amigas,
que son buenos y valientes, y cada uno tiene el título de
gran barón y algún mando en el ejército.
De los hijos
que tiene de sus cuatro mujeres, siete son reyes de grandes provincias
y reinos. Todos gobiernan con sabiduría, porque son barones,
esforzados yvirtuosos. Y esto no es de extrañar, porque su
padre, el Gran Khan, es hombre extraordinario y el mejor gobernante
del Imperio, así como el más valiente entre los tártaros.
Os hablé del Gran Khan y de sus hijos; ahora os diré
cómo tiene su corte.
- LXXXIV -
Del palacio del Gran Khan
El Gran Khan
vive en la ciudad principal del Catai, llamada Cambaluc, durante
tres meses del año: diciembre, enero y febrero; en esta ciudad
tiene su palacio, del cual os quiero contar.
Hay ante todo
un gran muro cuadrado, que por cada costado mide una milla, es decir
que en su totalidad es de cuatro millas. Este muro es grueso y tiene
por lo menos 10 pasos de elevación; es blanco y almenado.
En cada esquina de la muralla hay un grande y magnífico palacio,
en el cual guardan los arreos, las armas, las sillas y frenos de
los caballos, cuerdas de arco, ballestas y todo lo necesario al
ejército. En medio de cada muro hay un palacio semejante
al del Gran Khan, de modo que en el recinto hay ocho palacios. Todos
ellos contienen las colecciones de armas del Gran Khan, y es que
uno lo dedica a las sillas, otro a los arreos únicamente
y otro a coches y palanquines.
Esta muralla
tiene cinco puertas al Sur; en el centro hay una puerta mayor, que
no se abre más que para dar paso al Gran Khan; a los lados
de esta puerta hay otras dos más pequeñas, por donde
pasa la demás gente, y más allá hay otras dos
grandes puertas, por donde pasan todos los que van a palacio.
Dentro de este
recinto hay otro muro, más largo que ancho, dispuesto de
la misma manera, con ocho pabellones y cinco puertas al Sur, idéntico
al primero, sólo que por los costados no tiene más
que una sola puerta. En medio de todos estos muros está el
palacio del Gran Khan, que os describiré. Es inmenso, rodeado
de un gran foso; no tiene entresuelo, pero el piso se eleva a 10
palmos del suelo. El techo es altísimo. Los muros de los
salones y estancias están recubiertos de oro y plata y hay
en ellos bellísimas pinturas de dragones, animales, pájaros,
caballeros y damas y figuras de toda especie. La sala central es
tan grande, que 6.000 hombres pueden comer en ella. Tiene tantos
aposentos y habitaciones, por lo demás, que no hay mortal
que supiera hacer otro mayor ni mejor ordenado.
El techo exterior
está pintado de rojo, gualdo, azul y otros colores, tan bien
barnizados, que relucen como cristales, y es tan sólido el
barniz, que durará para muchos siglos.
Entre
las dos murallas hay ricas praderas y alamedas de árboles
preciosísimos, en los cuales corren y se solazan toda clase
de animales: ciervos, llamas, gacelas, gamos y cebellinas, pero
en recintos apartados y no por donde deben pasar los hombres. Hacia
la diestra hay un lago que contiene toda clase de peces, pues el
gran señor hizo que le llenaran de peces de toda especie,
para tenerlos a su voluntad cada vez que los pidiera. Un gran río
atraviesa el lago; pero todo está tan ingeniosamente dispuesto
para que los peces no puedan escaparse, pues la embocadura del lado
está protegida por un enrejado de alambre de cobre.
Hacia Poniente,
lejos del palacio y en una colina, ha hecho levantar una explanada
a más de cien pasos de altura y de un perímetro de
una milla. Esta colina está cubierta de árboles que
no pierden jamás su verdor y están perennemente lozanos.
Cuando se mienta ante el Gran Khan un árbol curioso o bello,
que se haya visto por alguna parte, lo hace traer por medio de los
elefantes, con todas sus raíces y mucha tierra, para plantarle
en esta colina. (Y por grande que fuera el árbol lo traería
de esta manera.) De modo que posee los mejores árboles del
mundo. Las paredes que suben a la colina son de mármoles
verdes y malaquita, y así, entre el verde de los árboles
y las piedras del mismo tono, todo aparece verde de color esmeralda,
y por eso le llaman el Monte Verde.
Remata a este
monte un soberbio palacio, verde también, y monte, palacio
y árboles son tan bellos, que hacen las delicias de la vista.
Y el gran señor los hizo construir para regalarse en ellos
y complacerse.
- LXXXV -
Del palacio del hijo del Gran Khan,
que reinará después de su muerte
Debajo de su
palacio hizo construir otro semejante al suyo, el cual es también
perfecto. Éste es para su hijo, cuando llegue a reinar y
sea gran señor. Por eso está hecho de igual modo y
magnificencia que el suyo. Y Temur, hijo del Gran Khan, lo habitaba
y seguía en él el mismo ceremonial y costumbres que
su padre. Y esto lo hacía por orden del Gran Khan, que deseaba
le guardaran a su hijo la misma consideración y le eligieran
Gran Khan después de su muerte. También éste
tiene la bola y los sellos del Imperio; pero no con la plenitud
de poderes que tiene el gran señor.
Ya os he descrito
los palacios, y ahora os describiré la ciudad de Katai, por
qué fue fundada y cómo. En verdad, existía
allí una grande y noble ciudad que llamaban Cambaluc, que
en nuestro idioma significa la ciudad y por sus astrólogos
supo que esta ciudad se sublevaría y crearía grandes
dificultades al Imperio. Por esta razón el Gran Khan hizo
construir otra ciudad más abajo, e hizo que los habitantes
de aquélla se trasladaran a ésta; la de abajo se llama
Taidu.
Tiene 23 millas
de cintura; es cuadrada, y sus cuatro lados son perfectamente iguales.
Está amurallada con muros de adobe y de tierra que miden
10 pasos de ancho por 20 de alto. En su base no tienen igual espesor
que en la cúspide, pues miden sólo tres pasos en la
parte superior. Estos muros son blancos y almenados. Tienen 12 puertas,
y a cada lado de ellas se halla un hermoso palacio, de modo que
a cada tres puertas corresponden cinco palacios, y éstos
tienen grandes salas y arsenales, donde viven los guardianes.
Las calles
de la ciudad están tiradas a cordel y son anchas, de modo
que en ellas se abarca toda la perspectiva, y desde cada puerta
se ve la otra que está enfrente. En la ciudad hay bellos
palacios, hermosas mansiones, casas magníficas y amplias
habitaciones. En medio de la ciudad encontraréis una torre
que tiene una campana grandísima, que repica por las noches,
para que nadie salga a la calle después de los tres toques.
Y cuando la
campana sonó, nadie se atreve a salir, como lo mandan las
ordenanzas, excepción hecha de un caso apurado por asistir
a un enfermo o a una mujer que esté de parto. Y si esto hacen,
deben proveerse de una luz o un farol. Cada puerta de la ciudad
está guardada por 1.000 hombres, y no es por desconfianza,
sino por honrar al gran señor que vive ahí y porque
no quieren que los ladrones cometan villanías.
Os he contado
de las ordenanzas de la ciudad; os contaré de la corte y
otros hechos.
- LXXXVI -
De cómo el Gran Khan se hace
guardar por 12.000 hombres a caballo
El Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a caballo, que llaman
quesican, o sea caballeros fieles al señor, y esto no lo
hace por temor, sino para demostrar su grandeza. Los 12.000 hombres
son mandados por cuatro capitanes, tocándole 3.000 a cada
uno. Éstos montan por turno la guardia cada tres días
y tres noches, y allí están a mesa y mantel. Así
turnan los 3.000 continuamente durante todo el año.
Cuando el Gran
Khan se sienta a comer en cualquiera de sus cortes, tiene mesa aparte
en un estrado más elevado que los demás y colocado
mirando hacia Mediodía. Su primera mujer se sienta a la izquierda,
un poco más abajo; un escalón más abajo se
sientan sus hijos, nietos, sobrinos y parientes, personajes del
linaje imperial, pero siempre de modo que sus cabezas lleguen a
los pies del señor. Los demás dignatarios de la corte
se sientan en otras mesas y aun algunos más abajo (sobre
tapetes) que los príncipes de sangre imperial, y así
de las mujeres. Todas las mujeres del hijo del gran señor
y de sus hijos y parientes se sientan a la izquierda y más
abajo, y así las mujeres de los dignatarios, y cada uno sabe
el puesto que le corresponde según dispuso el gran señor.
Las mesas están colocadas de modo que el gran señor
las abarca todas con la vista, aunque son numerosísimas.
Aparte de esto, comen en la corte otros 40.000 hombres más,
pues acudeu forasteros con grandes presentes y de países
lejanos y son gente de consideración; estos magnates vienen,
por lo general, cuando el Gran Khan celebra sus ceremonias de corte.
En el centro
de la sala donde el gran señor se sienta a la mesa, hay un
gran recipiente de oro en forma de barril, con vasos más
pequeños a los costados. Del guadamanil se saca el vino u
otro brebaje para llenar una vasija de oro como para satisfacer
a ocho o diez hombres. Ésta es llevada por dos coperos, del
cual uno sirve y el otro tiene la copa de oro; así sirven
a los caballeros y a las damas.
Todas estas
vasijas, jarros y copas son de grandísimo valor, pues el
Gran Khan posee una tal cantidad de vajilla de oro y plata que aun
viéndolo no se puede creer.
Los que
sirven los manjares y brebajes al Gran Khan son nobles barones y
llevan la boca y nariz tapadas con servilletas recamadas de seda
y oro para que con sus alientos no desfloren las comidas y brebajes
del Gran Khan.
Cuando el Gran
Khan bebe, todos los instrumentos se ponen a tocar, y los hay a
fe en gran cantidad. Cuando el señor alza su copa en la mano,
todos los barones y los circunstantes se arrodillan y prosternan
ante él. En el banquete imperial los platos se sirven en
gran abundancia y son innumerables.
Las damas acompañan
siempre a sus barones a la corte. Una vez concluida la comida se
reúnen en la gran sala central delante del gran señor,
donde juglares, bufones y truhanes hacen toda clase de juegos y
farsas y divierten a la corte, y todos hacen fiesta al gran señor.
- LXXXVII -
Relato de la gran fiesta que celebra
el Gran Khan el día de su aniversario
Los tártaros
acostumbran a festejar su aniversario. El gran señor nació
el día 28 de la luna del mes de septiembre, y ese día
celebran la fiesta mayor, a excepción de la de primero de
año, como os contaré luego. El día del aniversario
de su nacimiento se viste el Gran Khan con un magnífico traje
de paño de oro. Y más de 12.000 barones y dignatarios
se atavían igualmente del mismo color y de manera parecida
a la de su señor. No es que los atavíos sean tan suntuosos,
pero son, sin embargo, de color y brocatel de oro y seda, con un
gran cinturón todo de oro. Estos trajes los regala el gran
señor a sus cortesanos. Hay trajes de éstos de ceremonia
que son de gran valor, y las piedras preciosas y las perlas que
llevan encima valen más de 10.000 bizancios de oro. Hay variedad
de ellos, pues el Gran Khan regala 13 veces al año estos
ricos trajes a estos 12.000 barones y caballeros para que se vistan
como él. No hay otro señor que tal haga y que pueda
sostener tan inmenso gasto.
- LXXXVIII
-
Continuación de la fiesta que
celebra el Gran Khan el día de su aniversario
Todos los tártaros
del mundo y todas las provincias y regiones hacen grandes presentes
el día del cumpleaños del Gran Khan, cada uno según
está estipulado y como conviene que lo haga. El gran señor
ha destinado a 12 barones para dar la señoría a estos
hombres según lo que trae cada uno de ellos. Y ese día
oran los idólatras, los cristianos y los sarracenos y el
pueblo para que le conserve la vida y le colme de alegrías
y de prosperidad. Esas horas pasan en medio del regocijo general,
festejándolas con gran pompa. Pero dejemos esto para hablar
de otra gran fiesta que celebran al empezar el año, que ellos
llaman la fiesta blanca.
- LXXXIX -
De la fiesta que celebra el Gran Khan
el primero de año
El primero
de año es para ellos en febrero, y lo celebran muchísimo.
Es costumbre que ese día, tanto el Gran Khan como todos sus
súbditos, hombres y mujeres, se vistan de blanco. Lo hacen
porque consideran que el blanco es símbolo de gran alegría,
y, además, porque creen que todo el año gozarán
de bienaventuranza si lo empiezan bien. En esa fecha todos los vasallos
de las provincias y regiones más lejanas le traen magníficas
ofrendas de oro, plata y piedras raras y ricos brocateles blancos.
Así, para todo el año tiene una cantidad de tesoros.
También entre el pueblo y los barones y nobles señores
es costumbre se regalen entre ellos objetos blancos, deseándose
mutuamente salud y prosperidad.
Es asimismo
usanza presentar al Gran Khan en obsequio más de 100.000
caballos blancos. Y ese día llegan comitivas de más
de 5.000 elefantes cubiertos de magníficas gualdrapas bordadas
de pájaros y flores. Lleva cada uno en el lomo dos ricas
alforjas bordadas con estuches muy bellos y lujosamente trabajados
conteniendo vajilla, arreos magníficos, que suelen ser comúnmente
blancos. Y llegan caravanas de camellos cubiertos de ricos paños
de oro y cargados con las cosas necesarias a la fiesta,y todos pasan
ante el Gran Khan. Esta comitiva es la coga más grandiosa
que darse pueda, y por la mañana, antes que las mesas estén
preparadas, todos los reyes, duques, marqueses, condes, barones
y caballeros, astrólogos, médicos, buhoneros y otros
oficiales y comandantes de tierra y mar vienen a la gran sala delante
del señor, y los que no caben en ella se quedan afuera de
manera que pueda verlos el Gran Khan, a presentar sus credenciales
y oficios. La comitiva se forma de este modo: Ante todo, sus hijos,
sus sobrinos y los de su linaje imperial. Luego, los reyes; después
los buques y las maestranzas, unos tras otros como tienen que seguir
según la jerarquía. Y cuando todos se han colocado
en sus respectivos puestos viene un sacerdote que dice en alta voz:
«Inclinaos y adorad». Y a la voz del sacerdote todos
se inclinan, tocando la tierra con la frente, y adoran al Gran Khan
como si fuera un dios. Y esto lo hacen cuatro veces seguidas. Van
luego a un altar que está muy adornado, y sobre este altar
hay una tabla bermeja en la cual está escrito el nombre del
Gran Khan y delante un magnífico incensario. Con él
inciensan la tabla y el altar con reverencia y vuelven a sus sitios
respectivos, presentando sus ofrendas que son de la riqueza que
podéis suponeros.
Hecho
esto, y habiendo visto el gran señor con gran complacencia
todo este ceremonial, se ponen a comer y se sientan por orden y
jerarquía, como os he contado ya en el otro capítulo.
Os he hablado de la fiesta blanca; os contaré ahora de los
trajes que el Gran Khan regala a los barones para que asistan a
estas ceremonias.
- XC -
De los 12.000 barones que asisten
a las fiestas
Sabed en verdad
que el Gran Khan ha dispuesto 13 fiestas a las cuales deben asistir
los 12.000 barones que llaman quecican, o sea, los más próximos
feudatarios del Imperio. A cada uno le da 13 trajes de colores variados
bordados en perlas, alfójar y piedras preciosas de grandísimo
valor. Les regala también calzas de gamuza bordadas finamente
con hilos de plata, y todo esto tan recamado y rico, que cuando
se han revestido con estos adornos tan nobles y suntuosos parece
cada uno rey. Hay un traje designado para cada una de las 13 fiestas,
teniendo el Gran Khan otros semejantes y parecidos, aunque bordados
con más magnificencia; pero es de rigor que los barones ostenten
el mismo día un traje parecido al del gran señor y
en los mismos colores que esté.
Os he hablado
de los 13 trajes que tienen los 12.000 barones, lo que hacen 156.000
trajes, que valen un tesoro. Sin contar calzas, botas y cinturones
de oro, que valen otros tantos patrimonios, y todo esto lo hace
el gran señor para que sus ceremonias resulten brillantes
y fastuosas.
Os diré
una cosa más maravillosa aún de las que os llevo contadas
en este libro. Sabed que un gran león es traído al
pie del señor en estas ceremonias, y cuando le ve se hecha
a sus pies y se humilla como si lo reconociera por dueño
y señor. Y así queda postrado ante él sin cadena
y en plena libertad, lo que es verdaderamente prodigioso.
Dejemos
esto y os contaré de una gran cacería ordenada y dirigida
por el Gran Khan.
- XCI -
De cómo el Gran Khan dispone
para que le traigan los venados
Mientras el
Gran Khan vive en la ciudad de Catai los tres meses de diciembre,
enero y febrero, ha establecido que sesenta días todos sus
oficiales deben cazar y dedicarse a la cetrería. Y es costumbre
que cada señor o capitán le traiga grandes piezas,
como jabalíes, ciervos, corzos, gamuzas, osos y otros animales
de caza mayor. Así, que todos deben dedicarse a la caza.
Y estos animales, después de destripados y bien mondos, los
ponen en carretelas y los envían al gran señor. Y
esto durante treinta días, así que llegan en grandes
proporciones. Los que viven en reinos más retirados se las
mandan ya cocidas y adobadas, porque el camino es largo y se echarían
a perder. Os he hablado de la caza y de los venados; os hablaré
de las fieras que tiene el gran señor.
- XCII -
De los leones, leopardos, lobos, linces,
gerifaltes, halcones, búhos, gavilanes y otros pájaros
El gran señor
tiene leopardos en cantidad, que sirven para cazar y coger otras
piezas. Tiene lobos adiestrados en la presa de otros animales y
que son excelentes cazadores. Tiene grandes leones, más fieros
que los de Babilonia, de pelo de bello color, leonado de blanco,
negro y bermejo. Éstos suelen estar adiestrados para la caza
del jabalí; tiene bueyes salvajes, pollinos, osos, ciervos,
cervatos, gamos y otros venados.
Y es cosa bella
el mirar cómo estos leones apresan a las fieras. Van de caza
con los leones en carretas, acompañados de un perrito. Hay
además águilas que están adiestradas para cazar
lobos, zorros y gacelas, y las que combaten contra los lobos son
grandes y terribles, pues no hay lobo que se salve de las garras
del águila.
Os quiero hablar
ahora de las jaurías de perros que tiene el gran señor.
- XCIII -
De los hermanos del Gran Khan que
están al cuidado de los perros de caza
El gran señor
tiene dos barones que son sus hermanos carnales, el uno llamado
Baian y el otro Mingan. Tienen el título de «ciunci»,
es decir, los que guardan al perro mastín. Cada hermano tiene
10.000 hombres a sus órdenes, que visten de rojo y azul;
cada vez que van de caza con el gran señor visten este atavío.
De estos 10.000 hombres hay 2.000 que llevan a la mano un perro
mastín o dos. Cuando el Gran Khan va de caza, uno de sus
hermanos, llevando sus 10.000 hombres con sus 5.000 perros, le acompaña,
mientras el otro, con igual cantidad de hombres y perros, va por
el otro lado. Y van tan bien ordenados, que se despliegan en fila
en una jornada de marcha y no hay fiera que quede viva a su paso.
Y es un espectáculo admirable ver cómo perros y cazadores
se desenvuelven en esta cacería. Es sorprendente, cuando
cabalga el gran señor en las landas, ver venir a su encuentro
a sus perros con presas de ciervos y otros animales; lo que resulta,
sin duda alguna, un espectáculo tremendamente bello.
Os conté
de los perros de caza; os diré en lo que emplea el tiempo
otros meses del año.
- XCIV -
De cómo se ocupa de cetrería
Pasados los
tres meses de residencia en la ciudad que os nombré, se va
en el mes de marzo hacia Mediodía hasta el mar Océano,
llevando consigo 10.000 halconeros y 5.000 entre gerifaltes y halcones
peregrinos, halcones sagrados para cazar en el río. Y no
los tiene sólo consigo, sino que los divide en grupos de
200, 100 y más; éstos apresan a los pájaros
y los traen al gran señor. Mientras éste caza con
su gerifalte, hay 10.000 hombres distribuidos de dos en dos, que
se llaman «toscador», o sea buhoneros, que vigilan y
guardan, y cada uno lleva su reclamo o señuelo a capirote
para que cuando fuera menester pueda cobrar su halcón. Y
cuando el señor suelta sus pájaros no ha menester
que los siga, que ya están ahí sus hombres para recogerles
y socorrerles si así lo necesitan.
Y todos los
pájaros del Gran Khan tienen en las patas un escudete de
oro pegado a los cascabeles, y también así acostumbran
tenerlo los de los barones, en el cual dice el nombre del pájaro
y el de su propietario. De modo que si se extravía puede
ser devuelto a éste, y si no se encontrara el dueño
hay un barón llamado «bularguci» que se encarga
de hacerlo buscar a los guardas. Y cuando se extravía un
caballo, una espada, un venablo o un pájaro, o cualquier
cosa, se lo llevan a este oficial para que lo guarde hasta encontrar
su dueño, y aquel que no se lo llevare inmediatamente es
tenido por un ladrón y pueden prenderle. Así es que
el que haya perdido un objeto acude a este barón, que se
lo entrega al instante. Y éste se encuentra siempre muy a
la vista con su pendón para que todos puedan acudir a él
con presteza. De modo que nada se pierde que no sea restituido.
Si el Gran
Khan caza cerca del mar Océano tiene mil ocasiones para apresar
cuantos pájaros quiera, y no hay placer comparable a éste.
El Gran Khan
va siempre encima de su elefante en un pabellón de caza forrado
en su interior por brocatel de oro repujado y cubierto exteriormente
de piel de león. Allí se custodian los mejores gerifaltes.
Sale a la caza en un elefante, rodeado de los barones, y cuando
éstos le señalan las grullas, hace que entreabran
el techo de su pabellón y lanza los gerifaltes y azores.
Y allí contempla con gran regocijo y satisfacción,
tendido en su lecho, el espectáculo del gerifalte persiguiendo
a las grullas. Y sus barones le dan escolta. Nadie en el mundo puede
experimentar mayor deleite cual este señor cuando va de caza.
Hay otro paraje,
llamado Cacciar Hodun, donde también posee uno de estos pabellones,
y allí encuentra a sus amigas y a su numerosa corte, compuesta
de 10.000 personas. Os describiré el tal pabellón:
es tan amplio, que sus cámaras son capaces de contener 1.000
caballeros, y la puerta mira hacía Mediodía. Cerca
de ésta hay otra hacia el Oeste, en donde mora el señor
en persona. Allí es donde da audiencia a sus vasallos, y
detrás de esta sala se halla aparejada la alhania o alcoba.
Todo alrededor hay otros pabellones que sirven para el séquito.
Las tiendas son hechas de esta manera: en medio tienen tres columnas
de madera olorosa, muy bien labrada; exteriormente están
cubiertas con pieles leonadas, blancas, rojas y negras, también
trabajadas, que ni el viento ni la lluvia las puede dañar.
En el interior las paredes van recubiertas de armiño y de
cebellinas, que son las dos pieles más preciadas que existen,
pues la piel de cebellina que se necesita para hacer un traje de
hombre costaría 2.000 bizancios si es de la mejor y 1.000
si es de calidad inferior. Y el tártaro la llama la reina
de las pieles. De estas dos clases de pieles están recubiertas
las dos grandes cámaras del Gran Khan, cosidas con tal destreza
que encanta el verlas, y la alhanía donde duerme el señor
es también por fuera de piel de león y por dentro
de cebellinas y de armiño. Los cordones que ligan las cañas
del pabellón son trenzados en seda y burato y de tan primorosa
labor que ni un rey podría pagarse este lujo.
Rodean a estos
pabellones otros semejantes, y las amigas del Gran Khan tienen los
suyos, así como los gerifaltes que se hallan custodiados
en otros más lejos. Este campamento está lleno de
gente; es toda una población de astrólogos, médicos,
halconeros y otros oficiales la que compone el séquito del
Gran Khan. Y la estancia del señor en esos parajes dura hasta
la primavera, que cae por nuestra Pascua de Resurrección.
Y pasa el tiempo en estas delicias cazando en los lagos y en tierra,
apresando grullas, cisnes y otros mil pájaros.
Ningún
mercader, ni artesano, ni villano puede tener ni perros de caza,
ni halcones, ni pájaros, ni dedicarse a la cetrería
a 20 leguas a la redonda de donde mora el señor. Sólo
en otras provincias remotas pueden cazar y adiestrar pájaros
a voluntad.
Y hasta donde
alcanzan sus feudos no hay rey, ni duque, ni barón que se
atreva a cazar liebres, ni reses, ni venado en tiempo de veda. Y
el que contraviniere a este edicto se arrepentiría en verdad,
porque así lo ha dispuesto el gran señor. Y es tal
la obediencia y el acato a su soberana voluntad, que liebres, gamos
y otros animales vienen pacíficamente hasta entre los hombres,
que les pueden acariciar, pero se guardarían muy bien de
hacerles ningún daño. Y
hasta Pascua de Resurrección queda el gran señor disfrutando
de esos pagos, para volver a su ciudad de Cambaluc, con sus gentes
y su corte, por la misma ruta que había emprendido al venir.
- XCV -
Más relatos sobre la corte
del Gran Khan
Al volver a
su muy amada villa de Cambaluc se instala en el palacio mayor y
celebra tres días de fiesta con su corte y sus mujeres.
Y pasados los
tres días se recoge en la ciudad alta, que, como os dije,
hízose construir, llamada Ciandu, o sea el palacio de mimbres
rodeado por la gran pradera. Allí pasa el estío, porque
es una región fresca preservada de la canícula. Allí
queda desde el primero hasta el veintiocho de agosto, día
en que hace desparramar la leche de sus yeguas blancas, como os
conté más arriba en mi narración. Vuelve luego
durante seis meses a la ciudad de Cambaluc para celebrar en ella
su aniversario en el mes de septiembre, y permanece allí
octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero, que es el mes en
que cae la fiesta blanca. Desde el primero de marzo a mitad de mayo
va a orilla del Océano, como os tengo contado; luego vuelve
durante tres días a su capital, celebrando fiestas, saraos
y entretenimientos con sus mujeres, y son días de júbilo
y de alegría para toda la corte, pues maravilla el ver con
la solemnidad con que celebran estos tres días.
- XCVI -
De la ciudad de Cambaluc, de su grandeza
y su numerosa población
Hay una multitud
de casas entre el centro, la villa y los arrabales de esta ciudad;
hay tantos arrabales como puertas, y en éstos vive tanta
gente como en la ciudad. En ellos se hospedan los mercaderes que
vienen a sus negocios, y acuden en gran número a causa del
Gran Khan, que hace que la ciudad sea un espléndido mercado.
Los palacios
en los arrabales y en la ciudad son también muy hermosos,
pero no llegan al del Gran Khan.
En la ciudad
no se entierra a ningún hombre. Y a los idólatras
los van a incinerar más allá de los arrabales; allí
también dan enterramiento a los demás muertos.
En el recinto
de la ciudad no puede vivir ninguna pecadora o mujer de malas costumbres;
son las damas del gran mundo quienes sirven a los hombres por dinero,
y aun éstas viven en los arrabales. Eso sí, allí
las hallaréis en gran número: hay 20.000 cortesanas
que mercan sus favores. Y son muy necesarias por el tráfico
inmenso de la ciudad. Podréis daros cuenta de la cantidad
de gente que reside en Cambaluc y pasa por ella, por el número
crecido de sus meretrices.
En Cambaluc
se mercan los objellos más raros yde más valor. Primeramente,
de las Indias vienen cargamentos de alhaites, piedras preciosas,
perlas finas, joyas y preseas; son traídas a esta ciudad.
De la provincia
de Catai y de los demás reinos afluyen todas las mercaderías.
Naturalmente que esto sucede por la gran cantidad de compradores
y de gente allí reunida en la corte del Gran Khan, por los
huéspedes ilustres, las damas, sus barones y dignatarios
y por lo que compra el gran señor.
Cada día
entran más de 1.000 carretas de sederías o de ingredientes
para fabricarlas, porque en Cambaluc se teje el paño de oro,
las bayetas de seda, los grodetures y tafetanes. En los alrededores
de la ciudad hay otras pequeñas villas que viven todas de
lo que compra la capital.
Y ahora os
hablaré de la «Ceca» y de la moneda que se acuña
en esta misma ciudad y veréis las riquezas del gran señor
y cómo puede gastar cuanto se le ocurra y más de lo
que os dije.
- XCVII -
De cómo el gran señor
acuña moneda
También
es Cambaluc la Ceca del gran señor. Arreglolo de tal manera
que el Gran Khan posee el secreto del alquimista más avisado.
Hace acuñar monedas del modo siguiente: toman la corteza
de los árboles (moreras por lo general, de las que el gusano
de seda devora la copa), y de la membrana que hay entre la corteza
y el tronco suelen hacer una pasta como la del papiro, de color
muy moreno, casi negro. A estos papeles o tarjetas las hace cortar
de varios tamaños, por lo general como tarjetas largas y
estrechas. Una pequeña, a la cual le da el valor de la mitad
de un sueldo; otra mayor, que vale un sueldo; otra de medio ducado
de Venecia, y otra de dos ducados, y otra de cinco, y otra de diez.
Otra hay que vale un bizancio, y otra de tres bizancios, y así
hasta diez bizancios. Todos estos papeles o tarjetas son sellados
con el signo del Gran Khan. Hace fabricar tal número de ellos,
que puede comprar fácilmente todos los tesoros de la tierra.
Y una vez estampillados, los hace repartir por todas las provincias,
reinos y señoríos y paga con ellos todas sus cuentas.
Nadie puede desechar esta moneda, so pena de muerte. Y todos los
mercaderes toman esos papeles en pago de sus mercancías y
con ellos se pagan las perlas, las joyas, el oro y la plata. Y el
papel que vale diez bizancios no pesa ni uno. Y mientras varías
veces al año llegan los mercaderes con perlas, piedras finas,
oro y plata, el gran señor llama a 12 sabios que son los
elegidos para estas cosas y son muy duchos en la materia, les manda
que examinen las cosas que traen los mercaderes y que las justiprecien
y les paguen lo que valen. Y estos 12 barones les pagan el precio
en esa moneda de papel.
Los comerciantes
lo aceptan con gran placer, porque con ellas pueden a su vez comprar
cuanto quieran. Y así el Gran Khan hace pagar con esas tarjetas
mercancías que valen sus 400.000 bizancios.
Y una vez al
año se publica un bando diciendo que todos los que posean
oro, piedras y plata lo lleven a la Ceca y le serán trocados
por ese papel moneda. De esta manera el gran señor acumula
tesoros incalculables de plata, oro y piedras finas.
Cuando estos
papeles se rompen, o ensucian, o deterioran, se los llevan a la
Ceca, donde los cambian por nuevos con una disminución del
3 por 100. Y cuando un hombre quiere adquirir un cinturón
de oro, una vajilla de plata o joyas y preseas se va a la Ceca del
Gran Khan y le lleva los papeles en pago del oro y plata que compra
al barón que dirige la Ceca.
Y ya veis cómo
el gran señor puede tener, y tiene, los mayores tesoros del
mundo.
Os he contado
de las cosas referentes a la moneda, y ahora os contaré de
la nobleza y señorío.
- XCVIII -
De los 12 barones que asisten en sus
actos al Gran Khan
El gran señor
escogió a 12 hombres de los más principales de su
reino entendidos en todos los negocios que conciernen las 33 provincias.
Os diré su ordenamiento y facultades.
En primer lugar
habéis de saber que los 12 barones viven en un palacio espacioso,
con inmensas salas, en la ciudad de Cambaluc; cada provincia tiene
un juez, un notario y un escribano, que viven en este mismo palacio,
pero cada cual en su departamento. Y este juez y escribano deciden
de todos los negocios que conciernen a las provincias de las que
son diputados, pero están a su vez sometidos al mando de
los 12 barones. Estos 12 barones son poderosos: ellos eligen a los
señores y gobernadores de las provincias. Les señalan
según sus méritos al Gran Khan, que los ratifica en
sus cargos, dándoles una tableta de oro, tal como conviene
a su señorío. Y estos barones deben también
reunir y formar las huestes para la guerra, siempre con la venia
del gran señor.
Al Consejo
le llaman «Scieng», es decir, la Suprema Corte, y nadie
hay más poderoso que ellos, salvo el Gran Khan. El palacio
en que viven se llama también «Scieng», y ésta
es la mayor dignidad que hay en la corte del gran señor,
pues tienen derecho de hacer cuanto les place. No os hablaré
del gobierno de las provincias, porque lo dejo para más adelante
con más pormenores. Y dejemos esto para contaros cómo
el Gran Khan envía a sus estafetas y de qué modo aparejan
sus caballos.
- XCIX -
De cómo desde la ciudad de
Cambalue se va por diferentes vías a las provincias
De la ciudad
de Cambaluc, parten varias carreteras, que van por determinadas
provincias, y cada una se llama con el nombre de provincia adonde
lleva. Y es cosa hecha con muy buen juicio y muy bien ordenada.
Cuando un correo parte de Cambaluc y ha recorrido 25 millas, encuentra
un puesto llamado «iant» en su lengua, y en la nuestra
posta. Y en cada posta encuentra un palacio muy grande, en donde
los embajadores y emisarios del Gran Khan pueden alojarse. En estas
ventas tienen camas con colchas de seda y demasquinos y todo lo
que conviene para hospedar a personas de importancia. Y si un rey
bajara en ellas quedaría satisfecho. Cada posta cuenta con
400 caballos de repuesto, según lo ha establecido el gran
señor, siempre prontos a continuar la ruta. A cada 25 o 30
millas hay las tales postas (en las carreteras principales se entiende).
Y esto en todo el Imperio del Gran Khan.
Hasta en parajes,
alejados, donde escasea el poblado y no hay hospedería ni
albergues, ha dispuesto el Gran Khan que haya estas postas, con
sus casas cómodas y caballerías y arneses.
Así
es que los embajadores, heraldos y estafetas del Gran Khan encuentran
en todas partes donde cobijarse y caballos de repuesto.
Esto no hay
emperador, ni rey, ni ningún otro hombre que lo disfrute
con tanta largueza.
De modo que
hay más de 200.000 caballos dedicados a las postas para los
correos y estafetas, y más de 10.000 palacios amueblados
a este objeto.
Hay en las
pequeñas aldeas, de tres en tres millas, un hombre con un
relevo. Lleva una gran cintura llena de monedas o colgantes de hierro,
para que suenen de lejos cuando galopa. Éstos van como el
viento, pero nunca más allá de tres millas, y el que
le oye venir se apronta a relevarle. Se entregan de uno a otro por
medio del escriba, que tiene obligación de reseñarlo,
una pequeña tarjeta, y por medio de estas estafetas tiene
el Gran Khan las nuevas de diez jornadas de distancia en un día
y una noche (pues no emplean más estos hombres en hacer el
recorrido de cinco jornadas). Y en dos días y dos noches
llegan las noticias de veinte jornadas, y en diez días y
sus noches las que vienen de cien días de distancia. De modo
que estos hombres rinden en un día el fruto de diez jornadas.
Éstos están exentos de toda alcabala, y el Gran Khan
les remunera con largueza.
Y para los
caballos que esperan el relevo se arregla el gran señor del
modo siguiente, y pregunta: «¿Cuál es la ciudad
más próxima a la posta?». Averigua con qué
cantidad de caballos puede contar como tributo en esa ciudad, y
así provee la posta. De modo que no le cuesta nada al gran
señor, a menos de que no se trate de lugares apartados y
distantes en los cuales esté obligado a proveer las postas
con sus propios caballos.
Cuando es menester
que un heraldo llegue pronto para traer la noticia de la rebelión
de una provincia, corren 200 millas en un día y hasta 250.
Cuando quieren correr la posta tan rápidamente y hacer tantas
millas en un día, les entregan la tabla del gerifalte con
la expresa nota que tienen algo importante que comunicar y es menester
lleguen como el rayo. Si son dos, se ponen en camino con dos buenos
caballos fuertes y resistentes. Se vendan el vientre y atan la cabeza
y corren hasta llegar al puesto o a la posta de 25 millas, y allí
encuentran el relevo de caballos frescos y aparejados. Montan en
la silla y continúan a todo correr hasta la posta siguiente,
en donde encuentran otro relevo pronto, y así hasta la noche.
Y de este modo estas estafetas hacen 250 millas para traer las noticias
al gran señor.
Dejemos esto
de las postas, que os hemos relatado minuciosamente, y os contaré
una gracia que el gran señor concede dos veces al año.
- C -
De cómo el Gran Khan ayuda
a sus súbditos cuando tienen malas cosechas o pierden el
ganado
Tiene el Gran
Khan por costumbre mandar emisarios para enterarse del estado de
las cosechas en sus provincias, y si han sido perjudicados los labradores
por el granizo, pedrisco u otra calamidad, y si hay gente que ha
sufrido de estos males les perdona por ese año el pagar el
tributo, les hace dar grano para la siembra, para que coman, y esto
por bondad de corazón. Esto en el estío; en invierno
hace la misma cosa para el ganado. Si un hombre ha perdido sus animales
o sus bestias por una epidemia o por accidente, les hace dar el
suyo propio y les perdona el pecho por este año. |