Ver sin ver


Ximena Narea


The Nature of Visual Ilusion
Exposición de Juan Muñoz
Louisiana Museo de Arte Moderno, Dinamarca
18 marzo - 18 junio

Cientos de chinos sonrientes, se esparcen en un balcón que enmarca el salón, pareciera que disfrutan de su momento de pausa. Da la sensación de que algunos de ellos estuviesen concientes de la cercanÌa del público, mientras que la mayorÌa están ocupados en comunicarse entre sí. Sus movimientos parecen tranquilos, despreocupados; manos en los bolsillos, anudadas en la espalda o adelante. Las figuras son de tamaño natural y están hechas en resida de poliester y pintadas de color gris. Luego de observar la escena un momento, se descubre que todos esos sonrientes rostros son iguales, en realidad es el mismo rostro repetido decenas de veces; lo único que diferencia a unos de otros es la posición de sus cuerpos y sus chaquetas; algunas más largas que otras, algunas cerradas a pesar de no tener botones... "los botones son un signo de opresión", aclara el artista, cuya chaqueta tampoco tiene botones.

Qué quiere decirnos el artista?, Muñoz nació y creció en España, en donde los balcones tienen un significado cultural especial, no sólo como elemento arquitectónico, sino como un lugar para relajarse: "el balcón es el lugar en el cual no se hace nada en particular, se está alíí y se mira a la gente pasar" explica el mismo artista. Reproduciendo el escenario de la vida real, Muñoz otorga a las figuras del balcón la parte "activa" y al público la pasiva. Las figuras son el sujeto que nos miran, al público. Sin embargo, las figuras no nos observan como individuos sino mas bien como una masa que pasa.

Al penetrar en el salón circundado por el balcón, el espectador cree tener el papel de observador de algo que est· ocurriendo o que va a ocurrir en ese espacio. Sin embargo, pronto descubre que el papel protagónico en la acción lo tienen las figuras, y que son ellas las que dominan nuestro actuar. Primero creemos que nos miran y nos sonrÌen, y hasta sentimos deseos de devolver la sonrisa; pero la sonrisa se transforma en un gesto de sorpresa al descubrir que en realidad no se nos mira y que las decenas de chinos son uno solo.


La obra nos enfrenta a nosotros mismos, nos desnuda de nuestro centrismo y nos pone frente a nuestros propios prejuicios. El artista juega con el sentido preconcebido que domina nuestra existencia. Tras la obra no hay una crÌtica al sistema polÌtico chino, como alguien creyó descubrir, al menos no desde la perspectiva del artista. "Si hubiera querido hacer una obra polÌtica hubiera hecho 300 000 chilenos", aclaró el artista. La crÌtica no es hacia el otro (los chinos), sino hacia nosotrtos mismos: No es así que para nosotros los occidentales, todos los chinos son iguales y se visten igual? No nos parece acaso que son un poco simplistas, obedientes o desapasionados y no es por eso que siempre estan sonriendo?.

A través de nuestra falta de atención y de reflexión convertimos personas de culturas diferentes a la propia, en una especie clonada, en una no-cultura cuya identidad inventamos basados en nuestra ignorancia y nuestra incapacidad de ver al otro como un individuo con un valor equivalente al propio.

En la exposición, hay otras 3 obras que pertenecen a la colecciÛn del museo de Louisianna y son: Neal's Last Words (1997), en la cual hay una figura igual a las otras, con la misma sonrisa china, esta, est· contra un espejo murmurando algo incomprensible, pareciese hablara con otra persona, pero en realidad está hablando con su alterego. Half Circle (1997), es un grupo de 12 figuras, que contemplan algo que supuestamente se encuentra en el centro, en donde se ubica el espectador. AquÌ como en Many Times, el observador se convierte en observado. El tercero es un gran lienzo que muestra una pintura realista.


Muñoz juega con la ilusión óptica. A primera vista las figuras tienen un tamaño normal, pero en realidad no tienen sino 1.30 m. (e incluso no tienen pies). No son 100 diferentes figuras, sino sólo una en diferentes posiciones y adem·s con los ojos cerrados (pues a pesar de que los ojos de los chinos son almendrados, deberÌan de estar abiertos para poder ver), asÌ que es imposible que ellos nos observen.

Lo que realmente sucede es, que uno puede crear su propia versión, a partir de su propia observación, para luego ver la realidad: de que no todo lo que se ve es lo que parece ser. 

Ximena Narea es Historiadora y crítica de arte






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